Menos en una sábana

Vivir sin miedo

Trabajar con las crisis humanas, ver almas rotas de un dolor intravenoso, tener el privilegio de conocer realidades duras, aquellas que nos quieren ocultar para que sigamos creyendo el cuento de hadas social que nos han vendido y en el que muchos han crecido, reinventa, porque quita el miedo a ser y a entender.

Conectar con las historias revela que somos mucho más que fachadas humanas envueltas en colores, clases sociales, títulos, religiones, medidas, botox y filtros que nos ayudan a relacionarnos en una sociedad de etiquetas y pantallas.

Conectar con esas verdades explota las búrbujas sociales que nos mantienen distanciados desde el privilegio, desde una doble moral, y revela que en sistemas sociales discriminatorios todas las opresiones se cruzan.

Conectar con esas historias demuestra que vivimos en una sociedad donde la perfección es una profesión que no da para mantener la realidad.

Conectar con esas historias enseña más que cualquier título académico, porque desarrolla la capacidad de relacionarnos mejor con los demás desde una conciencia colectiva, porque no vivimos solos.

Desarrollar esa conciencia colectiva nos hace “peligrosos”, porque dejamos de atacarnos y aprendemos a escuchamos; porque comenzamos a dejar de ser huéspedes y comenzamos a ser líderes de cambios que mejoren esa realidad que ya conocemos.

¿Por qué?

Porque nos inspira a hacer algo para que todos tengamos voz y seamos escuchados, para que despertemos con las voces de aquellos que han silenciado, porque al sistema no le conviene que hablen.

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Por eso nos mienten, porque desde el miedo y la culpa es muy fácil manipularnos.

Porque una sociedad que necesita medirse por sus envolturas y que necesita juzgarse y atacarse porque piensa diferente, es una sociedad entretenida con pan y circo, donde la estupidez siempre gana.

Porque la grandeza de tocar el fondo junto a otros humanos saca tus propias sombras y nos inspira a trabajar para subir juntos, como humanos, como aliados, sin miedos ni culpas impuestas.

Y ese es el mejor legado que podemos dejarle al mundo con nuestra existencia: “ser buenos humanos”, porque nos miramos con empatía, no desde el miedo.

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