Mujer libre

Una mujer libre es peligrosa

Una mujer libre es peligrosa porque aprendió a conversar con su cuerpo más que con el espejo y dejó de sentirse culpable cuando no pesa lo que dicen las revistas, cuando le aprieta la talla que usa la modelo de Victoria Secret, porque dejó de compararse y comenzó a enamorarse de la piel que habita.

Una mujer libre no se ejercita ni come para encajar en un modelo que no se parece a ella, lo hace para cuidar su propio modelo, y a su ritmo, porque sabe que es única.

Una mujer libre deja de sacrificarse por tener un “cuerpo de bikini”, porque aprendió a amar el cuerpo que tiene más que al bikini que siempre se pondrá.

Una mujer libre no se viste para que le digan que se ve bien, porque aprendió a quitarle el poder al mundo de definirla y asumió el poder de usar la ropa, no que la ropa la use.

Una mujer libre es peligrosa porque se atreve a mostrar su esencia; porque se desconectó de ese modelo de “cuidado” que le vendieron que se basa en la idea de que nació “dañada”, para entretenerla arreglándose y que termine siendo un producto barato en un envase muy caro.

Una mujer libre ya no le interesa vivir en un cuerpo estirado con el alma arrugada, y por eso es peligrosa.

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Una mujer libre molesta e incomoda al sistema, porque es libre de la mirada de los demás, porque se atreve a ser y no pide permiso.

Una mujer libre es peligrosa porque ya no se empeña en hacer zoom a las fotos para buscar defectos, porque inspira y le enseña a las otras a amarse; porque ya no se ofende cuando otras le dicen “descuidada”, “loca” o “fea”, porque sabe que nos han programado para recordarnos el mensaje por medio del ataque.

Una mujer libre es peligrosa porque invierte su energía en pensar mejor, en mirar mejor, en definir lo que quiere y no quiere en su vida, y eso es peligroso para un sistema que no le interesa que piense y que quiere que invierta más en conseguir la belleza impuesta para ser admirada que en su educación y seguridad personal para ser respetada.

Una mujer libre es peligrosa porque ya no es esclava de un cuerpo que adorna porque dejó de ignorar al cuerpo que la cuida.

Una mujer libre es peligrosa porque no deja de conquistar el mundo por complejos, porque no falta a una fiesta con la excusa de que no le sirvió el vestido, porque no se pierde una entrevista de trabajo con la excusa de que no la contratarán “porque está gorda”.

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Una mujer libre molesta y es peligrosa porque entendió que cuando cuida, valora y respeta el cuerpo que tiene, se convierte en el cuerpo que quiere.

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