Manos con dinero

Un falso padre ejemplar

Una tarde de domingo, escuchaba conversar amenamente a unas amigas que hablaban de el «padre ejemplar» que es un caballero que conocíamos, porque es un excelente «proveedor económico», porque a esos niños “no les falta nada” (en materia económica) y porque siempre está pendiente de «suplir los antojos y caprichos» de sus hijos.

Luego de escucharlas en silencio por un momento no pude evitar hacerles las siguientes preguntas: ¿Están hablando del mismo padre ejemplar que invita a sus hijos a comer a un restaurante y les presenta a sus dos novias el mismo día? ¿Del padre ejemplar que ellos mismos han visto gritarle a su mamá? ¿Del padre que no le importó coger una maleta un día, e irse de la casa sin siquiera avisar?

Cuándo les hice todas esas preguntas, me miraron con cara de asombro y me dijeron: “Pero piensa en todos los que hacen lo mismo y se olvidan de sus hijos, y que jamás llaman ni le dan un peso para nada”.

Preferí quedarme callada, porque es difícil competir con un valor social con el que hemos crecido y que tiene más peso que el agua.

Lo que nos enseñan

Nos han enseñado que las mujeres valemos por el cuerpo que tenemos, por qué tan íntegro esté nuestro himen, y por lo bien que atendamos a nuestra pareja y a nuestros hijos. Pero la sociedad también ha educado a los hombres, porque les han enseñado que valen por el tamaño de su pene, por el carro en el que andan, y por la cantidad de dinero que haya en su cuenta de banco.

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Con esto no quiero decir que el aporte y la manutención que deben cumplir los padres no sea importante ni necesaria, es más que eso, es un deber de cada padre y madre asegurarse de suplir las necesidades económicas y afectivas de sus hijos; pero de ahí a juzgar a un padre tóxico y con un comportamiento evidentemente dañino para sus hijos como un «padre ejemplar» sencillamente por el dinero que aporta, es más que un error, es un verdadero abuso y una falta de respeto a todos los que se fajan con sangre para aportar más que dinero.

Siempre he dicho que antes de concebir deberían darnos un examen como cuando nos dan la licencia de conducir, para poder medir qué tan cuerdos o locos estamos para asumir la gran responsabilidad de criar seres funcionales y emocionalmente estables.

La realidad

Sencillamente, el dinero no compra las carencias afectivas, ni sana los traumas que producen las irresponsabilidades y las locuras de muchos que quieren tapar el sol con dinero.

Si apoyamos y celebramos la estupidez y la irresponsabilidad de los padres, estamos promoviendo el caos y la destrucción del concepto sano de familia.

No hay dinero que compre ni oculte el vacío que dejan las ausencias, los malos ejemplos, los silencios, la falta de respeto y mucho menos, que sustituya a un padre o a una madre. No hay nada material que sane las heridas emocionales que ocasiona la indiferencia afectiva; por lo que debemos pensar un poquito antes de llamar a alguien “padre o madre ejemplar”, porque ese sombrero no le sirve a todo el mundo.

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