histerica

Quitó la puerta de la habitación a su adolescente para que deje de masturbarse

Revisando mis correos, me encuentro con uno que me llamó la atención, desde el título que estaba escrito todo en mayúscula y decía “AYUDA”, hasta la historia en sí.

Una madre de un adolescente de 13 años me escribió literalmente desesperada, porque descubrió a su hijo masturbándose en su habitación, viendo pornografía en su celular. Me cuenta que cuando lo vió no lo creía, entendía que “su niño” no podía estar haciendo “eso”, como ella misma lo describe, que no se imaginaba que su hijo era un morboso, que no lo concibe y que no va a permitir que siga sucediendo; por lo que tomó medidas drásticas y decidió llamar a un hermano para que le quite la puerta de la habitación, y así deje de masturbarse.

Este caso me dejó fría, confieso que me paralicé por un minuto tratando de entender la capacidad que tiene la ignorancia de destruir relaciones con personas que amamos. Este caso me reveló lo que puede llegar a hacer la falta de educación sexual en una sociedad que no comprende el tema desde otra versión que no sea el rechazo.

A esta madre le respondí desde el amor, le expliqué que la masturbación es un comportamiento esperado y muy natural que responde a nuestra necesidad de sentir placer y a nuestro derecho de explorar y tocar nuestro cuerpo. Le respondí que desde la educación sexual la masturbación se considera una expresión sana de la sexualidad, que todos tenemos y que hay que educarla, como se educa el hecho de no caminar desnudos en espacios públicos, como se educa el hecho de orinar y defecar en privado, porque pertenece a nuestra intimidad; por eso la masturbación o “autoexploración”, como le llamamos en educación sexual, debe suceder en privado, en el baño, tomando en cuenta que la piel de los genitales es muy sensible, por lo que podemos hacernos daño si lo hacemos de una manera muy brusca.

También le dije que cuando educamos en este tema es muy importante resaltar el tema de la higiene, por lo que debemos tomar en cuenta lavarnos las manos luego porque por nuestros genitales sale la orina y se acumulan bacterias propias de esa zona.

Otro punto vital que no podemos dejar de resaltar es el aspecto de seguridad en los niños, niñas y adolescentes para protegerlos del abuso sexual, por lo que debemos decirles que nadie los debe ayudar a tocar sus genitales, porque son sus partes privadas, y aprovechar para hablarles lo que significa abuso sexual y cómo pueden reaccionar si se ven expuestos.

Traté de explicarle a esa madre que desde la ciencia el tema de la masturbación solo se considera una enfermedad cuando se realiza con ansiedad, de una manera compulsiva y cuando impide que el niño, niña, adolescente o adulto desarrolle sus actividades cotidianas porque no puede dejar de masturbarse, y a eso le llamamos “adicción a la masturbación”, que no es el caso de su hijo, y solo en ese escenario necesitamos buscar ayuda psicológica para identificar la causa y manejar la compulsividad.

El problema mayor en este tema, y otros que se vinculan con sexualidad, es que como no lo conocemos, vemos la sexualidad infantil desde el mundo adulto, y entendemos que un niño o niña que se masturba lo está haciendo con la misma carga erótica que lo hace un adulto, y no es así.

Las investigaciones y los estudios neurocientíficos revelan que los niños y niñas que se masturban sienten lo mismo que cuando se chupan el dedo, y lo repiten porque es placentero, por lo que no tiene la carga de morbo y fantasía que tiene el mundo sexual adulto. Lo mismo sucede con los y las adolescentes, que están en la etapa más intensa de expresión y descubrimiento de su sexualidad, de sus propias sensaciones, de descubrirse, por lo que se espera y es considerado normal que conozcan sus genitales y cómo se siente al estimularlos.

Cuando veo que los chicos tienen padres que le prohiben y satanizan la masturbación, que la ven como algo malo, tengo como resultado niños, niñas y adolescentes que no dejan de tocarse, pero que comienzan a hacerlo a escondidas, y con culpa, porque sienten que están haciendo “algo malo”, por lo que comienzan a relacionar su cuerpo y la sexualidad con suciedad y con negación, lo que se traduce en discapacidades sexuales como eyaculación precoz en los hombres, anorgasmia en las mujeres, dolor durante la penetración y muchas otras situaciones de las que pueden hablar mucho mejor que yo los terapeutas sexuales que lo ven a diario en consulta.

Es que para educar necesitamos entrenarnos, es que cuando educamos desde el miedo, desde la culpa, desde la prohibición no educamos, adiestramos, y esa no es la misión si queremos criar humanos que se desarrollen de una manera sana, que sepan cuidar su cuerpo, amarlo y que aprendan a tomar decisiones acertadas.

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