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El niño acosado porque no cree en Dios

Saliendo de una conferencia, abro mi celular para revisar mis correos y me encuentro con un mensaje de una madre desesperada, que me contaba una historia que más que sorprendente, me parte el alma.

La madre me cuenta que su familia no es religiosa y que no creen en Dios. Como familia, han criado a sus hijos con la visión de que le aporten al mundo positivamente, que ayuden a todos los que puedan, que sean buenas personas y los han educado con el ejemplo de ser adultos que también aportan, que trabajan, que están criando niños con valores y que no le hacen daño a nadie. Me dice que han preferido no decir públicamente su no religiosidad como forma de protegerse, por lo que han vivido.

Me cuenta que uno de sus hijos ha sido acosado por los amiguitos en dos colegios diferentes en los que ha estado, porqueestos le dicen que “se irá al infierno” y que “es malo”.

Me dijo que tuvo que sacarlo del colegio anterior porque el acoso era tal, que no lo invitaban a los cumpleaños, porque los mismos padres no querían que sus hijos se relacionen con el niño, y que sentían el rechazo como familia, sobretodo en las reuniones de padres.

Relata, que una de las acciones más difíciles que tuvo que manejar con su hijo fue cuando un día llegó rojo, llorando y diciendo que no quería volver al colegio. Entre llantos, su madre le pregunto qué pasó, y el niño le dijo que un grupo de 5 niños lo golpearon en la salida del colegio y le tiraron la mochila al piso, porque decían que él era “el diablo”.

Cuando ella fue al colegio a hablar con la psicóloga y contarle lo que había pasado, esta le dijo que lo iban a manejar con los padres, que como colegio harían lo posible porque no vuelva a suceder, y la situación más que mejorar, empeoró.

La situación se puso más difícil, porque todos los amigos del curso estaban preparándose para su primera comunión, y el niño no, y el acoso es mayor, por lo que decidió moverlo de colegio nuevamente. Pero se le ha hecho muy difícil encontrar una opción educativa laica (no religiosa), porque la religión se encuentra en todas las esferas de nuestra sociedad, lo que dificulta mucho el escenario para quienes no pertenecen a una religión en específico.

Cuando leo lo que me escribe me pongo a reflexionar en la idea y me pregunto: ¿Cómo es posible que le enseñemos a odiar los niños? ¿Cómo puede ser que personas que promueven el amor a un Dios, que supuestamente es un Dios de amor, promuevan el odio? ¿Cuál es esa bondad que tanto proclaman si no aman a los demás porque sencillamente piensan diferente?

Cuando el odio que, lamentablemente existe en el mundo de los adultos, por las diferencias que sea, se introduce en el de los niños por mensajes transmitidos por los padres, se convierte en abuso, porque no podemos nublar su inocencia, no podemos dañar su infancia con temas y mensajes que han dañado nuestra adultez.

Nuestra misión como padres no es esa. Hay que entender que el mundo está lleno de personas, y que si su plan es destruir a todas las que no piensen como usted, el problema es suyo, porque usted es parte de esa diferencia.

Es injusto que quienes no crean en Dios, porque sencillamente no lo sienten, no sean respetados ni puedan decirlo abiertamente como lo dicen los cristianos, los evangélicos, los Testigos de Jehová y todos los que tienen un creencia religiosa particular.

No puede ser que antes de expresarnos tengamos que pasar por un radar social para que nos enseñe a decir y a sentir igual como piensa y siente la mayoría, porque si no seremos juzgados, etiquetados y acosados, solo por la sencilla razón de pensar diferente.

Entiendo que así como la llegada de las tecnologías, el uso de las redes sociales, la cantidad de información disponible en internet ha hecho que el mundo sea cada vez más pequeño, que tengamos más información para crecer como seres humanos, para acercarnos sin tener que vernos personalmente; así también el sistema educativo y la misma sociedad debe evolucionar para entender que hay diferencias, que no pensamos igual, que no aprendemos igual, y que necesitamos que el sistema evolucione para que se respeten esas diferencias.

Prefiero soñar con que tendremos una sociedad más justa y equitativa, prefiero apostar a que en un futuro cercano no tengamos que discutir este tema y que la escuela sea un lugar para aprender, para relacionarnos, para “ser” sin etiquetas; pero para eso tenemos que seguir sembrando ese respeto desde la familia, comenzando con nosotros los padres.

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