Mujeres: Enemigas y rivales

Vivimos en un sociedad que nos ha criado con la idea de que las mujeres somos rivales; pertenecemos a una estructura social cuyo objetivo es dividir a las mujeres, para vencerlas. Nos lavan el cerebro para que prefiramos a los hombres, para que compitamos entre nosotras, para que pensemos que las otras mujeres son rivales.

Diversos estudios muestran que las mujeres tienen más probabilidades de votar por un candidato político masculino que por una candidata mujer, aunque esta última defienda cosas con las que la votante está de acuerdo.

Las mujeres no pueden ascender a los puestos más altos de las empresas y la política, porque están tan ocupadas siendo rivales unas de otras, que no pueden trabajar juntas. Esta situación actúa como una traba sobre las alianzas entre mujeres, que impide su progreso en muchos ámbitos.

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Las mujeres se atemorizan, e intentan ocultar su amistad con otras mujeres porque, socialmente, las amistades y alianzas femeninas se aceptan, pero siempre y cuando las mujeres no estén casadas, o que las dos estén dispuestas a dejar esa amistad en segundo plano ante las relaciones con sus respectivos maridos, porque esto demuestra que no son lesbianas.

El término “lesbiana” es un cliché utilizado por muchos, y por nosotras mismas, para dividirnos. Abundan los comentarios sobre el asunto: “Una mujer está dispuesta a apuñalar por la espalda a otra por un hombre” o “Una mujer que tiene una cita con otra mujer la cancela en cuanto aparece un hombre”, o “No se puede confiar en una mujer en la oficina”, y así sucesivamente.

A las mujeres se nos educa para sentir más orgullo si nos identificamos con nuestros padres, que si nos identificamos con nuestras madres. Muchas mujeres jóvenes se sienten más seguras si se relacionan con hombres que con otras mujeres, porque tienen un miedo inconsciente a verse marginadas y sin que las tomen en serio.

Muchas mujeres absorben los mensajes repetitivos en la sociedad que las rodea, con la advertencia de que poner por delante a una mujer esta mal, es una tontería, una estupidez o de “lesbianas”.

En reuniones o en otras situaciones laborales, a veces, a las mujeres les da miedo ponerse de parte de otras mujeres y en contra de los hombres; se muestran nerviosas y consideran moderno no estar automáticamente de acuerdo con otra mujer; mientras que los hombres están la mayoría de las veces de acuerdo y trabajan en grupo con otros hombres, sin avergonzarse de ello.

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La amistad entre mujeres es un modelo admirable para fomentar y crear nuevas relaciones entre ellas: la solidaridad y la belleza de muchas amistades femeninas en privado, debe trasladarse al ámbito público, para que las mujeres puedan ser amigas y colegas en el trabajo, la política y la economía. Esta idea podría cambiar la perspectiva psicológica femenina.

Las mujeres no tienen que ser automáticamente rivales y enemigas. Dejar de ver a las demás y de inmediato comenzar a buscar sus defectos o las cirugías que se hizo para verse tan bien, es un concepto que tenemos que derribar; vernos y apreciarnos como mujeres, apoyarnos y dejar de vendernos para los hombres es la idea, para que podamos convertirnos en un equipo invencible y capaz de lograr los cambios sociales y personales que necesitamos.

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