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Los padres que apoyan a su hija lesbiana

Luego de un día de mucha lectura, decido abrir mis redes y me encuentro con muchas fotografías y mensajes en apoyo a la celebración del orgullo gay que promueve y reclama los derechos de la comunidad LGTBI en el país y en otros países del mundo.

Como de costumbre, rebosan y resaltan los mensajes de odio, de rechazo, de intolerancia hacia la diferencia, y no faltan las discusiones de personas que sencillamente no entienden el tema, y que han optado por criticar y comprar la idea medieval y retrógrada de que “la homosexualidad se pega”, o es un virus que se quita con un antiviral que venden en una farmacia o en una iglesia.

Cuando sigo viendo y leyendo, me encuentro con una imagen que me tocó el alma, una imagen sensibilizadora y humana de una madre y un padre apoyando a su hija lesbiana en la marcha del orgullo LGTBI en Madrid.

Esta imagen me emocionó tanto, porque es una representación fiel de lo que supuestamente debería ser la función de una familia, que es brindar amor incondicional.

Esta imagen refleja que independientemente de lo que soñaron esos padres cuando nació su hija, de sus fantasías mentales con verla casada de blanco entrando a una iglesia llena de flores; la aman y la respetan precísamente porque es su hija y porque no vino a complacer peticiones, vino a ser y a desarrollarse como un ser independiente y autónomo.

Cuando en mis conferencias de educación sexual tengo padres desesperados porque su hijo o hija le confesó que es homosexual, o sospechan que es diferente porque no ha llevado una novia a la casa, lo primero que les pregunto es: ¿Van a dejarlo o a dejarla de querer porque no sea lo que ustedes quieren que sea? Y en eso radica el asunto.

El problema es que muchos adultos que fueron criados desde la prohibición, desde la represión y el miedo, no entienden que esta generación no responde igual que nosotros, porque tienen información que nosotros no tuvimos a un solo click de distancia, por lo que con lágrimas tendrán que aprender a entender el tema, porque los niños, niñas y adolescentes de hoy no están dispuestos a fingir o a seguir ocultando lo que les atrae.

Lo que veo en la generación de hoy son chicos y chicas empoderados y dispuestos a reclamar su derecho a ser respetados.

Recuerdo un caso muy triste de un adolescente que vi muy deprimido. en una jornada de educación sexual hace algunos años, que me confesó que su padre lo había llevado a 4 psiquiatras muy reconocidos del país, con la intención de que “lo curen de la enfermedad”, refieriéndose a su homosexualidad, cosa que me partió el alma, y que luego me partió en dos cuando me enteré que el mismo adolescente se quitó la vida pocas semanas después, y le dejó una carta a su padre pidiéndole que esperaba que con su muerte él lo acepte.

Esta imagen es un reflejo fiel de que esta celebración es más que una marcha de carrozas, disfraces, cuerpos semidesnudos y maquillajes; es un reclamo social para que reflexionemos en que todos tenemos los mismos derechos a vivir y a respirar el mismo oxígeno.

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