Lo que quieren los estudiantes y lo que no quieren los educadores

Al finalizar mis charlas de educación sexual, siempre me quedo unos minutos más para conversar con los y las adolescentes que tengan dudas o experiencias personales que quieran compartir conmigo, y me llama la atención la pregunta que me hacen con muchísima frecuencia: “¿Por qué no trajeron condones?”.

Me llama tanto la atención porque lo primero que nos preguntan los maestros, maestras y orientadores de muchos de los centros escolares que visitamos es: “No les darán condones ¿verdad?” y luego viene la segunda pregunta: “No le hablarán de condones ¿verdad?”. Esta lucha de intereses me preocupa.

Me preocupa mucho, porque cuando un adolescente me pregunta (en privado) que por qué no llevamos condones, me está diciendo que los necesita, porque es sexualmente activo.

No me está pidiendo permiso, porque ya lo decidió; me está confirmando que está asumiendo una responsabilidad en su vida sexual porque está utilizando uno de los métodos más efectivos para evitar el contagio de una infección de transmisión sexual o que ocurra un embarazo no planificado, por lo que más que esconder los condones, deberíamos de reflexionar un poco en lo que creemos que estamos evitando.

Con esto NO quiero que se entienda que estoy de acuerdo con que se repartan condones en las escuelas, porque entiendo que no es adecuado regalar un condón sin una información bien dirigida; lo que estoy diciendo es que con ocultarles información que podría salvarles la vida no conseguiremos que se abstengan.

El problema que veo en esta lucha es que los adultos no quieren que los y las adolescentes se inicien sexualmente, y es normal que piensen así, pero ese miedo a que se inicien, ese temor a descubrir que ya se iniciaron sin su permiso, porque el cuerpo es de ellos y ellas, hace que muchos adultos recurran a la represión obsoleta, que es lo que han aprendido, porque entienden que si les hablan de sexo y sexualidad los están estimulando a que se inicien y no es así.

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Les digo que no es así, porque la experiencia y los estudios que se han realizado sobre el tema demuestran que mientras más educado esté un adolescente sobre sexo y sexualidad, es más probable que posponga el inicio de su vida sexual hasta que se sienta listo o lista para asumir las consecuencias, porque sabe lo que puede suceder y porque ese conocimiento es la mejor herramienta que tiene para frenar. Siempre hago la comparación usando el ejemplo de que cuando sabes que el agua moja, comienzas a usar sombrilla cuando llueve, para que no te de gripe.

Cuando hablo de frenar, me refiero a que los medios, la tecnología y la falta de educación sexual en la familia, lo que le está diciendo a las mentes jóvenes con hormonas revueltas, es que el sexo es lo más rico que hay y que si no lo hacen están mal; le están vendiendo “mambo y circo”, mientras los padres y madres se quedan callados.

Los adultos no se acaban de dar cuenta que esta generación tiene las mismas necesidades que tuvimos nosotros, pero la diferencia está en que la cantidad de información sexual que teníamos nosotros era muy limitada, y la cantidad que tiene esta generación es demasiada y para colmo, les llega sin que ellos y ellas puedan controlarlo, lo que inevitablemente los estimula a que se inicien mucho antes que nosotros.

Lo mismo pasa con el tema del noviazgo, porque sigo viendo esta misma lucha con las adolescentes que me dicen que tienen novio y que sus padres y madres no lo saben, porque si lo saben se arma la guerra de Troya.

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Cuando hablo con los padres les pregunto: “¿Qué prefieren: saber lo que pasa en la vida de sus hijos e hijas y ayudarlos a tomar decisiones acertadas, o fantasear y creerse que están rezando en la iglesia 12 horas al día y las otras 12 restantes estudiando? Porque de ustedes depende lo que hagan, porque aunque crean que no los escuchan, aunque crean que sus hijos e hijas no les importa lo que le digan, les confirmo que lo que digan y hagan mamá y papá sigue siendo la guía, y lo que determina la decisión que tomen los hijos e hijas, pero esto es así cuando se habla con amor, cuando se respeta al adolescente, cuando sin autoritarismo obsoleto se ponen reglas, se hacen acuerdos y se conversa sobre necesidades.

Cuando como padres y madres nos acordamos de lo que sentíamos en esa edad, cuando reconocemos que teníamos necesidad de saber y nos recordamos de cómo aprendimos, entendemos un poco la realidad de los y las adolescentes de hoy, y digo “entendemos un poco” porque el escenario ha cambiado, porque ahora necesitamos producir más dinero que antes para poder vivir en una sociedad cada vez más consumista, y ese afán nos quita tiempo, nos deja cansados y sin ánimos de hablar de un tema que no conocemos, por lo que muchos padres y madres prefieren ignorar, comprar cosas para intentar compensar ausencias y actuar fingiendo que todo está bien, aunque se esté derrumbando la casa; aunque nuestros hijos e hijas lleguen a despreciarse tanto, que tengan sexo para que le den un abrazo, para escuchar que los aman, para que les den el cariño que no encuentran en casa, porque su tanque de amor está vacío.

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La excusa de que “no hablo con mis hijos porque a mi no me educaron” o porque “no sé qué decirles” me suena mal, porque cuando queremos aprender a cocinar, nos inscribimos en un curso de cocina, le preguntamos a alguien que cocina cómo hacer tal o cual receta y la preparamos.

¿Por qué es tan difícil aprender a hablar de sexualidad y sexo con nuestros hijos? ¿Por qué seguimos un patrón que nos demuestra que no funciona?

Quien ama de verdad lo demuestra con hechos y una de las muestras de amor más grandes que podemos darle a nuestros hijos es conversar con ellos, decirles cuánto nos importan y revisar qué quieren saber, qué les preocupa; porque sólo así podremos acompañarlos para que atraviesen exitosamente una de las etapas más difíciles de la vida: la hermosa adolescencia.

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2 comentarios en “Lo que quieren los estudiantes y lo que no quieren los educadores”

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  2. muy bueno es artículo. No tengo hijos, pero como adulto joven (tengo 22) Se los prejuicios de los adultos mayores, pues tuve mi mama dejo de hablarme por varios meses porque le confesé que yo soy sexualmente activa mientras me hacia un chequeo médico por una infección urinaria. Sufrí mucho porque su reacción me hirió, ella creía que yo como yo estudie en un colegio católico, debía ser virgen, que porque el colegio era de cierto prestigio”debió educarme para no ser vagabunda”. Mis padres nunca me hablaron sobre sexo, por suerte que al ser tan curiosa aprendi todo lo que supe por libros médicos, libros juveniles de carácter religioso y aprendí a filtrar info. De internet. Construí mi propia base sola y lidie con la infección sin ayuda de mi mama, pero ya nos reconciliamos. Yo soy muy responsable, me considero que hago las cosas bien y a mi manera, respetando a los demás. Pese a mi educación tengo mis propia forma de ver las cosas y trato siempre de aprender no solo de mi sino de los demás.

    Mucha pena me dan los tabúes que aun muchos cargan. Lee artículos como el suyo son inspiraciones para querer ayudar a las futuras generaciones a tener mejores focos con que contemplar y reflexionar sobre la vida

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