Libres y despeinadas

Hace años decidí ir a la barbería que visitaba mi esposo y cortarme todo el cabello procesado; tenía el pelo casi por la cintura, y confieso que lo pensé mucho.

Tenía toda la presión que puede ejercer una sociedad como la nuestra que me enseño que nací mal, que lo que salía de mi cabeza era malo y que, si NO me peínaba estaba fea. Esa presión es tal, que nos hace dependientes sicológicas al salón, a un secador de pelo, a una plancha o cualquier producto que nos mate ese cabello que está vivo, que nos ponga bonitas, que nos devuelva nuestra autoestima y eso es un problema.

Es un problema porque NO somos nosotras, porque viola nuestra identidad, porque NO nos enseña a querer lo que somos, porque nos apega a un estereotipo vacío e irreal, porque sencillamente nos impide ser y querer lo que somos.

Cuando escucho los casos de mujeres que NO pueden ir a trabajar con su cabello natural (rizo) porque la empresa NO se lo permite, o que a una niña que tiene el pelo rizo no la dejan ir al colegio con su cabello suelto, entiendo que debemos revisarnos como sociedad, porque NO somos rusas, somos dominicanas, y las dominicanas tienen el cabello rizo (NO malo). Contamos con diversas texturas de cabello propios de nuestro clima, adaptado al sol del caribe, a las lluvias repentinas y a la humedad que tenemos.

También puedes leer:   Lo que NO nos decimos las mujeres

Cuando llego a algún lugar y otras mujeres me ven con mi cabello natural, se asombran, y algunas me dicen que lo quieren así; yo sonrío, las miro, y les digo: “tu lo tienes así, lo único que tienes que hacer es dejarlo salir, es aceptarlo, es querer lo que eres”.

Es algo difícil pero posible, se puede cuando lo decides, cuando te cansas de estar atada, cuando comienzas a enamorarte de ti y a ser libre. Esto implica fortaleza, determinación y la decisión que SOLO se encuentra en nosotros mismos, solo es cuestión de buscar.

Somos mujeres y hombres que valemos por lo que somos, NO por tener un cabello rizo o lacio. Somos personas que nacimos “despeinadas” y que debemos aprender a exigir que se respeten nuestros derechos humanos en nuestros lugares de trabajo, en los centros escolares de nuestros hijos, en nuestras relaciones amorosas y en cualquier lugar del planeta.

Si naciste con los ojos negros y en tu trabajo te dicen que NO puedes ir con los ojos negros, que tienes que ir con ellos grises ¿Qué harías? ¿Te pones unos lentes de contacto aunque te incomoden, no te gusten y te produzcan alergia?, o ¿prefieres defender tus ojos negros con los que viniste al mundo y que tanto te gustan?

También puedes leer:   El pajón en la cédula: “Un reflejo más de la negación a nuestra identidad”

De ti depende cambiar la historia.

Artículos recomendados:

Comparte este artículo:

Artículos relacionados:

2 comentarios en “Libres y despeinadas”

  1. Hola,
    me encanta lo hablas aqui, como lo explique en otro de tus reflexiones siempre vivi traumatizada, siempre pense que era fea y que mi pelo era feo, realmente acomplejada por ello, hasta que un momento de mi vida llego e hice las pazes con el. por muchos anos tuve mi pelo rizado pero desgraciadamente a los 40 se me alizo pero con frizz. como quisiera volver a tenerlo rizado, era yo muy libre de ir a la playa, piscina, etc sin importarme que se moje.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *