El permiso que NO nos damos las mujeres

Uno de estos primeros días de enero, viendo las publicaciones en mis redes sociales, me llamó la atención que muchas mujeres coincidían en culparse, en mortificarse y prometer hacer dietas y volver al gimnasio porque se sentían “gordas” por las libras que cogieron en diciembre con la comedera de en las fiestas y celebraciones de fin de año.

Motivada por la sensación de satisfacción que sentía por lo bien que la pasé compartiendo con mis seres queridos, porque no hay cosa más placentera que vivir y disfrutarlo, publiqué este comentario en mis redes y me sorprendió la avalancha de comentarios de agradecimiento y de alivio que expresaron la mayoría de las mujeres que la vieron, porque les dio paz saber que no es malo engordar unas cuantas libras por disfrutar y compartir con personas queridas sin presiones de dietas y restricciones.

reflexion

Me llamó la atención ver cómo muchas etiquetaban a sus amigas y conocidas para que se sintieran mejor y liberarlas de la presión. Me sorprendió confirmar el estrés que tenemos por mantener un peso a base de sacrificio, me asusta el hecho de que nos olvidemos de vivir por estar flacas; me preocupa que más que cuidar la salud y la apariencia nos estemos enfocando en parecernos a alguien que no come, ni duerme, a aquella imagen que está impresa en una revista, a aquel cuerpo que sale en las redes de alguien que admiramos y que no conocemos, lo que es injusto y abusivo.

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elaine-gordaEn mi caso particular, que fui obesa de niña, que sé perfectamente lo que se siente comer por ansiedad, tener libras de más y que la ropa no te cierre, entiendo que el sobrepeso es un problema que no le deseo a nadie, en eso estamos claros. Precisamente por eso, cuando fui creciendo aprendí a comer sano, a cuidar mis porciones y a ejercitarme de cuando en vez. Confieso que una etapa de mi adolescencia, cuando fui modelo, duré casi un año comiendo solo vegetales y comida natural, viví el extremo y la rigidez de una dieta casi imposible de llevar para alguien que adora la carne, todo por la inmadurez de querer un cuerpo perfecto, sin un gramo de grasa. Digo esto porque he estado en los dos extremos alimentarios, y con los años me he convencido que no es sano, que la vida no se disfruta cuando nos obsesionamos con nuestro peso, que la clave es aprender a comer y darnos nuestros gustos cuando el cuerpo nos lo pida.

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Lo que más me llamó la atención es que somos nosotras las mujeres las que nos criticamos a nosotras mismas, somos nosotras las que le decimos a las otras que están gordas, somos nosotras las que sufrimos por competir con las demás y en eso no somos un equipo, somos nuestras más grandes enemigas cuando se trata de criticar y calificar a las demás y eso duele; duele porque los hombres no hacen eso, porque los hombres no se atacan como nosotras, porque los hombres no se suicidan entre sí.

Entiendo que tenemos que darnos el permiso de vivir sin parecernos a fulana de tal, que tenemos que cuidarnos entendiendo bien la diferencia entre obsesión y salud, que nuestro cuerpo sufre cuando no lo complacemos, y que cada vez que nos criticamos, cada vez que señalamos a la que está fit, a la que tiene los cuadritos, a la que no sale del gimnasio y vive siempre a dieta como la perfecta, contribuimos a reforzar el modelo vacío y superficial que nos tiene esclavizadas y que nos impide vivir y apreciar nuestra esencia.

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Con esto NO quiero decir que dejemos de cuidarnos y ejercitarnos, lo que quisiera es que lo hagamos entendiendo que somos personas, no muñecas y que estamos aquí para vivir más que para adornar.

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6 comentarios en “El permiso que NO nos damos las mujeres”

  1. Totalmente de acuerdo, con estatura 4’8 llegué a pesar 180 libras y por un problema familiar perdí 50, me decían que parecía enferma . Superado el problema decidí que nunca más volvería a ese peso, comencé a ejercitarme, comer sano y he aprendido a mantener mi peso comiendo sano, ejercicios y me doy mis gustos, ya han pasado 20 años y me mantengo entre 123 a 126 libras y vivo feliz.

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