Mujer planchando

¿Qué tan cómodos están nuestros hijos?

Conversando con una amiga que me invitó a salir, le digo: “Puedo llegar después de las 7:00 PM, porque solo tengo a la señora que me ayuda con los quehaceres domésticos  tres días a la semana y debo dejar todo organizado en casa si voy a salir”. Ella me mira con cara de asombro y me dice: “¿Cómo puedes tener servicio solo tres días a la semana con tres muchachos, un marido y un trabajo? ¡Me volvería loca!”. Esa misma idea la escucho muchas veces, cuando digo cual es mi realidad doméstica.

Mi respuesta siempre es la misma: “Si acomodas mucho a tus hijos y te acomodas mucho tú, la casa le pertenece al servicio, y tus hijos nunca aprenderán ni a arreglar su cama”.

Recuerdo cuando tenía una persona que dormía en mi casa la semana completa y se iba los sábados en la tarde, no tenía que ocuparme de nada, solo tenía que ir al supermercado y ordenar lo que se cocinaba; veía cómo los años pasaban, mis hijos crecían y no recogían los platos de la mesa, porque había alguien que lo hacía, no arreglaban su cama en la mañana, su habitación estaba limpia cuando llegaban del colegio y su comida caliente, y eso me molestaba, porque no es justo acomodarlos tanto, al punto que no sepan valerse por sí mismos cuando sean mayores.

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Entiendo que cuando compras una camisa con el dinero que ganas trabajando duro la aprecias más que una que te regalen, porque sencillamente te la ganaste, porque sabes el esfuerzo que costó comprarla, y pienso que eso aplica para todo en la vida.

El esfuerzo es la clave

Cuando nuestros hijos recogen su habitación lo piensan dos veces antes de volver a regarla. Cuando se preparan un sandwich porque tienen hambre valoran más tener su comida caliente en la mesa, porque saben lo que cuesta prepararla. Es inculcarles el sentido del esfuerzo, que es necesario para valorar la vida.

Luego de pasar por momentos incómodos y dolorosos, con robos de personas de servicio que pasaron por mi casa, mi esposo y yo aprovechamos esa mala racha para decidir que no tendríamos a alguien todos los días, y que cada quien en la casa tendría responsabilidades para que la casa funcione igual o mejor que cuando teníamos a alguien tiempo completo, y confieso que es una de las mejores decisiones que hemos tomado.

Ver cómo se han independizado, cómo no se han muerto de hambre cuando no estamos, porque han aprendido a prepararse comida, a fregar, a doblar su ropa y a guardarla, me da la tranquilidad de enseñarlos a funcionar en una casa sin recostarse de alguien.

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Pienso que tanto varones como hembras necesitan aprender a recoger su cama, sus platos de la mesa, a fregar, a cocinar y todo lo que implica administrar un hogar, sin importar su nivel económico, aclarando que el nivel de responsabilidad que tengan será de acuerdo a su edad y a su madurez, de manera que como padres siempre los mantengamos protegidos del peligro.

Considero que enseñarles el valor de organizar el hogar y aportar para que funcione, es una necesidad tan importante como aprender a nadar, o a manejar un vehículo, porque son habilidades básicas para vivir y para que cuando sean adultos y se vayan de la casa, tengan lo que necesitan para funcionar sin nosotros y que no se conviertan en una carga para el mundo.

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