En República Dominicana se realizarán Elecciones Municipales y presidenciales este año 2020 y me preocupa mucho que hay líderes religiosos que están mandando a la gente a votar por los candidatos y candidatas que defienden la vida y la familia, y yo me pregunto: ¿La vida de quienes? y ¿a qué tipo de familia se refieren?

República Dominicana no es una iglesia donde solo valen las vidas de quienes tienen el mismo credo, y tampoco hay un solo tipo de familia. República Dominicana es un país con libertad de culto, según la constitución dominicana, con diferentes tipos de familia donde todas las vidas valen, y donde debemos caber todos. Por eso, tenemos que asegurarnos de que los políticos que elijamos sean la voz de un pueblo que necesita que todos respiremos el mismo oxígeno, no solo un grupito.

Es urgente que los políticos que elijamos trabajen para que República Dominicana deje de ser el cuarto país con mayor desigualdad en América Latina, con una de las inversiones en el gasto social más bajas de la región, aunque el gobierno insista en decir lo contrario. Y precisamente por eso el acceso a la salud, a la educación, al transporte, a oportunidades laborales y el respeto a la dignidad NO son iguales para todos, un ejemplo de eso es que si tienes más de 35 años es muy difícil que consigas trabajo y tendrás que depender de gente más joven que quizá tampoco tiene, porque según el Banco Interamericano somos el noveno país con mayor tasa de desempleo de América Latina.

Por eso en República Dominicana muchos ciudadanos tienen que endeudarse para sanarse, educarse, alimentarse y vivir dignamente.

Por eso en República Dominicana hay gente que vale más o menos de acuerdo a la ropa que usa, al carro y apellido que tiene, al cargo que haya conseguido, a su color de piel, al tipo de cabello y a los genitales con lo que nació, a su orientación sexual, a su edad, el tamaño de su cuenta de banco, a si paga o no la cuenta, al lugar dónde nació, al nombre del colegio o la universidad donde estudia, y eso se llama privilegio, lo que indica que hay un grupo de gente que no existe, porque el sistema los nubla, los excluye y los discrimina; y para colmo, les vende que su pobreza es por su poca inteligencia o por su poca capacidad, para que desde su frustración no actúen o vean como un enemigo a quienes tienen o han logrado más que ellos.

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Por eso necesitamos que los políticos por quienes vayamos a votar se ocupen de trabajar para eliminar el racismo, que hace que por tener el pelo afro, la piel negra y la nariz ancha te etiqueten de “haitiano”, de manera despectiva, y te manden a peinar para estudiar, para conseguir y mantener un trabajo, o para parecer “profesional”.

Por eso necesitamos que los políticos por quienes vayamos a votar reconozcan que según la Oficina Nacional de Estadística el 86.1% de los nacimientos ocurridos en República Dominicana durante el año 2018 fueron de madres solteras, que también son un tipo de familia, que necesitan que se eliminen los obstáculos que tienen las mujeres embarazadas, o las que tienen hijos pequeños para conseguir y mantener un empleo, porque su tipo de familia depende de ellas.

Es necesario que los políticos entiendan que una mujer sin oportunidades y sin trabajo es una presa fácil para la violencia machista, y que en ese tema también somos los líderes de la región, porque ocupamos el segundo lugar con las cifras más altas de feminicidios de América Latina.

Por eso necesitamos que los políticos por quienes vayamos a votar reconozcan que según el Censo realizado en el 2010, República Dominicana tiene un bono demográfico de jóvenes de entre 15 y 29 años, en edad productiva, lo que indica que si la propuesta de esos candidatos incluye invertir, educar y ofrecer oportunidades a los 2,7 millones de jóvenes dominicanos garantizarán que no se quieran ir del país a buscar mejor vida, que por la desesperación las adolescentes de apenas 15 años no sean vendidas por su misma familia a un hombre las mantenga; que el hambre mental no lleve a tantos los jóvenes a robar, a vender droga, a matar gente para quitarle un celular o a vender su voto por un picapollo o por dos mil pesos, lo que alimenta el terrorismo del miedo a salir a la calle que vivimos.

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Por eso necesitamos que los políticos por quienes vayamos a votar reconozcan que según la Procuraduría General de la República, entre el año 2014 y el 2018 hubo más de 19 mil casos de denuncias de incestos y delitos sexuales de los que han sido víctimas menores de edad, y que los abusadores generalmente son primos, tíos, padrastros, sacerdotes, políticos y personas que pertenecen o son cercanas a la familia que debió cuidarlos. Que muchas de esas violaciones terminan en embarazos y muertes de niñas y adolescentes que son obligadas a parir o son víctimas de abortos clandestinos, donde una varilla, un té, una caída o un golpe en el abdomen pone el punto final a una vida que no le importa al sistema.

Por eso necesitamos que los candidatos y candidatas que defienden la vida entiendan que según el Ministerio de Salud Pública, en los últimos doce años han sucedido 6,781 suicidios en República Dominicana, y que el 85.65% de estos han sido de hombres, que se les educa para expresar su frustración y su masculinidad tóxica a través de la violencia, el dinero y romper vaginas con su pene.

Por eso necesitamos que los candidatos por quienes vayamos a votar y que defienden la vida reconozcan que la tasa de suicidio en personas homosexuales y que pertenecen a la comunidad LGTBI es cinco veces más alta que las personas heterosexuales, por el rechazo que reciben de su propia familia, del ambiente escolar, laboral, de los servicios de salud y de la misma sociedad en la que nacieron, crecieron y viven, y entonces su única opción es acabar con su sufrimiento. Por eso necesitamos que los candidatos por quienes vamos a votar entiendan que más del 73% de los dominicanos siente que en el país hay discriminación hacia la comunidad LGBTI, y que la orientación sexual ni se aprende ni se pega, y que esa discriminación cobra vidas.

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Por eso necesitamos que los candidatos por quienes vayamos a votar en estas elecciones recen el credo que quieran en la iglesia a la que decidan pertenecer y entiendan que fuera de ella vivimos en un estado democrático que necesita que se encarguen de romper con los sistemas de discriminación que alimentan la desigualdad en la que vivimos.

Por eso tenemos que exigir, preguntar, y revisar las propuestas de los candidatos y candidatas que necesitan los votos de todos para ganar, no los de un grupito, para que entiendan que República Dominicana no se mejora con solo oraciones; se mejora con acciones que defiendan las vidas, la dignidad y las familias de todos.

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