Mujer en frasco

Nos entrenan para que nos olvidemos de nosotros

Revisando mi Instagram, veo que me envía un mensaje una mujer que conozco, una ejecutiva muy talentosa, con dos hermosos hijos, que me sigue y siempre está pendiente a mis publicaciones.

El mensaje que me escribió decía así: “Mi terapeuta me sugirió ser más mujer, menos mamá y menos ejecutiva ¿Cómo rayos voy a lograr eso?».

Me encantó que me lo haya preguntado a mi, porque una vez me perdí en el guión que te escribe la sociedad, me metí en ese traje que aprieta hasta la consciencia de ser la «madre perfecta de tres», la «esposa abnegada» del hombre que amo, y la «excelente empresaria» del proyecto que me apasiona.

Me perdí en el laberinto de trabajar para sacar las mejores notas en la vida, para que dijeran que soy “una mujer perfecta”, y me olvidé de Elaine.

Antes de ser

De esa etapa recuerdo un agotamiento extremo, una tristeza disfrazada de una sonrisa perfecta, ataques de asma por el esfuerzo constante de encajar y de darme hasta el fondo para cumplir, para que me necesiten, para que los demás me admiren.

Mi lema de vida es y siempre será “el alma crece en las crisis”, porque yo crecí con esa experiencia.

Uno de mis ataques de asma más intensos me acostó por varias semanas, y tuve que parar; y en esa pausa me encontré, me saludé y me pedí perdón.

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Luego de varias conversaciones con la humana, con esa persona que no tiene logros, que no tiene títulos, que no quiere que la necesiten, porque ella misma se necesita me conecté con la mujer que solo quiere vivir y disfrutar su existencia y comencé a recuperarme, a volver a hacer eso que tanto me gusta, a elegir mis películas favoritas, a leer ese libro con una taza de café caliente en pijama que tanto adoro. Volví a ser.

Nosotros primero

Entiendo que nos programan para eso, para que existamos en una sociedad que tiene una lupa constante para medir qué tan “perfectos y dignos” somos en función de nuestro agotamiento, en función de nuestro estrés, en función de nuestro sacrificio.

Vivimos en una sociedad que no le conviene que nos recordemos de nosotros, porque para hacerlo tenemos que desconectarnos del sistema y crear el propio, y eso impediría que nos manipulen.

Entiendo que podemos recordarnos de nosotros siempre, que así como sacamos tiempo para todo el mundo, debemos tenernos en esa agenda sin sentirnos culpables.

He aprendido que para que tu entorno esté bien tú tienes que estar bien primero, porque si tu taza está vacía no puedes compartir nada con nadie, y la vida se trata de compartir la felicidad de disfrutarnos.

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