Jamón serrano

No soy un jamón serrano

Al abrir mi buzón de mensajes me encuentro con uno de un “caballero” que me decía que quería tener una cita conmigo porque le parecía muy atractiva, y que quería tener una “relación intima” conmigo.

Leí varias veces el mensaje para intentar entender, ya que en mi perfil está muy claro que estoy felizmente casada, que soy madre de tres hijos, y que no me interesa una relación íntima con nadie que no sea mi esposo.

Luego de mirar varias veces el teclado para devolver el mensaje, lo mejor que se me ocurrió fue bloquear a esa persona y tomarme un té de tilo para calmarme.

Esto me hizo recordar que vivimos en una sociedad diseñada para hombres, donde muchos creen que porque nos cambiemos de ropa, nos maquillemos o nos pongamos tacones, lo hacemos para provocarlos y para que quieran tener una relación intima con nosotras.

¿Por qué me incomodan los piropos obscenos en la calle? Por varias razones:

  • No soy jamón serrano.
  • No me visto vulgar, ni mucho menos me ando ofreciendo.
  • Considero que verse bonita y bien arreglada no tiene que ser una invitación a que te vean como un objeto sexual.
  • Entiendo que un piropo a tu persona no tiene que ser vulgar.
  • Creo que así como veo a un hombre lindo y bien vestido en la calle y no lo abordo ni lo hago sentir irrespetado, así mismo quisiera sentirme.
  • No me gusta tener miedo de que me violen por ponerme una falda, o un escote.
  • Porque soy mujer, no un objeto sexual.
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Muchas personas piensan que piropear o insinuar algún interés sexual a una mujer es una excelente herramienta para subir su autoestima, y no siempre es así.

El mundo de las mujeres funciona diferente, y aunque muchas vendan lo contrario, en el fondo, nos encanta sentirnos valoradas por lo que somos, nos gusta que nos necesiten, que nos vean a la cara, no directamente a los pechos o a los genitales.

Entiendo que el problema lo tengo yo, porque sencillamente no me adapto a ser un jamón serrano.

Me seguiré vistiendo para mi y me ocuparé de enseñar a mi hija y a todas las mujeres que pueda a que se vistan para ellas, y que el hombre con quien ellas decidan compartir la vida, lo elijan precisamente porque vio a la mujer, no el jamón serrano.

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