Armadura con rosa roja

Mis várices: Mis marcas de guerra

Hace unos años, visité a mi dermatóloga para buscar una solución a mis varices, ella me recomendó inyectarlas como una medida que funciona bastante bien para eliminarlas, y así lo hice.

Durante el proceso, recuerdo el dolor insoportable de cada aguja que entraba en mis piernas, buscando las diminutas venas que se escondían de la temible aguja. Recuerdo que tuve que ponerme una toalla en la boca para aguantar el dolor que juré que jamás en la vida volvería a soportar por gusto.

Lo peor de todo, fue ver cómo volvieron a salir con el paso del tiempo, como una manera de recordarme que tengo que aceptarlas y hacer las paces con ellas si quiero ser feliz, y así lo hice. Lo digo porque las que hemos vivido 3 embarazos (casi consecutivos), hemos visto los cambios que se producen en nuestro cuerpo mientras se forma y crece el bebé (incluidas las várices, y las estrías), tenemos marcas que nos confirman lo que vivimos y nos recuerdan que somos madres, que luchamos por dar vida, y que nuestras marcas son hermosas maneras de identificarnos como guerreras.

El valor a la NO perfección

Cuando vi la foto en bikini de Rachel Hollis, la autora del blog The Chic Site, quien es madre de tres hijos, que tuvo la valentía de pedirle a su esposo que le hiciera una foto en la playa, aunque estaba consciente de que se le veían las estrías del vientre; me emocioné mucho porque esta imagen se ha convertido en un viral en las redes sociales y eso es bueno. Confirmar que su reflexión sobre el cuerpo tras el parto ha generado comentarios muy positivos, me encanta.

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Esto me gusta, porque refuerza el valor a la NO perfección, demuestra nuestra naturaleza como mujeres y lo que implica ser madre. Nos enseña que si otras madres muestran sus marcas con orgullo, nosotras también podemos hacerlo, que podemos admirar y amar nuestro cuerpo imperfecto, sin medidas establecidas, sin cuadritos, ni cinturas construidas con un bisturí.

Con esto no quiero decir que estoy en contra de las cirugías plásticas, todo lo contrario, cada persona tiene derecho a modificar su cuerpo como lo considere, y eso es respetable. Pero eso no quiere decir que no valoremos nuestra belleza natural, nuestra esencia, aprender a amar esos defectos que se convierten en virtudes cuando se aprecian y se aceptan.

La otra cara de la moneda

Me pasa lo contrario cuando veo las fotos que también han revolucionado las redes sociales, de la modelo Sara Stage, quién se ha encargado de exhibir su embarazo, luciendo un cuerpo entrenado, en la que se le marcan sus abdominales y apenas se le ve su panza de más de 8 meses de embarazo.

Cuando veo sus fotos me preocupa y me apena la influencia negativa que hace a muchas mujeres que se sienten horribles, porque se comparan y no logran esas medidas, porque sencillamente esa no es la imagen real de un cuerpo femenino que está esperando a un bebé, porque esa modelo tuvo que someterse a una dieta rigurosa y a un régimen de ejercicios para mantener ese cuerpo, además de que la genética le ayuda, y eso no aplica ni funciona para todas.

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Lo que pienso

Lo que sí aplica y funciona para todas es amar nuestro cuerpo como es, trabajar para estar saludables, cuidar nuestra alimentación, hacer ejercicio de manera regular, sin obsesionarnos con parecernos a alguien, o enfocarnos de manera enfermiza en lograr unas medidas que son irreales de manera natural.

Nuestro patrón es único y eso implica que cada persona es diferente y que su misión es identificar que esa diferencia es su gran valor y que precisamente por eso nadie tiene que ajustarse a modelos falsos y vacíos.

Independientemente de si somos madres o no, somos mujeres, y la belleza de cada etapa significa valorar sus señales, aprender a ver el encanto que trae cada etapa y enamorarnos de nosotras con nuestras marcas de guerra.

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