Haciendo tarea

Mi amiga que se siente culpable cuando no hace la tarea de su hija

Hablando con un grupo de amigas en whastapp, coordinamos juntarnos para compartir una noche de chicas para ponernos al día. Mientras nos poníamos de acuerdo, notamos que una integrante del grupo nunca podía en las fechas propuestas, hasta que le preguntamos la razón.

Ella fue directa y nos respondió: “Es que a mi hija le ponen mucha tarea y exámenes, y casi siempre amanecemos haciendo tareas. Me sentí culpable el otro día porque no llegué a tiempo a casa, y ella no la hizo porque yo no estaba”.

Cuando leí su respuesta recordé todas las madres que conozco que se sienten agotadas por la carga escolar de sus hijos. Que sienten que están estudiando otra vez.

Recuerdo también una madre que contrató a un arquitecto para que haga una maqueta que le pusieron a su hijo, con tal de que quedara perfecta, sin pensar en lo que dejó de aprender su hijo por delegar su tarea.

Lo que hemos olvidado

Se nos ha olvidado que nuestra función no es acomodarlos y hacer lo que le corresponde a ellos para «evitarles la fatiga» que nosotros ya vivimos. Es que ya nosotros estudiamos, amanecimos haciendo trabajos y muchos lo hicimos solos, porque nuestros padres estaban claros en que las tareas eran nuestras.

Nos hemos enfocado en la competencia, en que nuestros hijos lleven los mejores trabajos para que sean los estudiantes “perfectos”, con notas “perfectas”, hijos de padres “perfectos” que se matan para evitarles la frustración de aprender a fallar, de asumir su responsabilidad y de aprender de sus errores.

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Es que el trabajo de los padres es formar personas que funcionen solos, para que crezcan y que no dependan de nadie para ser y para que le aporten a la sociedad en que viven.

Cuando veo padres y madres que se sienten culpables cuando no hacen la tarea de sus hijos, entiendo que están confundidos en que acomodarlos es sinónimo de “amarlos”, y no es así.

Lo que pienso

Criar bien significa enseñarles el camino, no caminar por ellos; es enseñarlos a levantarse cuando se caigan, no caerse por ellos; es enseñarlos a frustrarse y a aprender de la frustración, y para eso hay que dejarlos que fluyan y aprendan.

Cuando un estudiante no hace la tarea, cuando la hace mal, o cuando se quema en un exámen, es una señal de que no está motivado, o que no está aprendiendo, por lo que el centro escolar debe tomar medidas para reforzar, mejorar el método o pedir una ayuda externa para mejorar los resultados y ahí sí podemos intervenir buscando tutoría académica adicional. Si esto no funciona, pues lo recomendable es cambiar el método o el centro escolar.

Nuestro trabajo es establecer horarios de estudio, reglas del uso de las tecnologías de la comunicación, amarlos y demostrarles que pueden y que confiamos en ellos, responder alguna pregunta que tengan si la sabemos y enseñarlos a buscar, a indagar y a hacer uso de toda la información que está disponible en internet. Lo que no sepan, que lo resuelvan el en centro escolar, que le pregunten a sus docentes y que aprendan a asumir la única responsabilidad que tienen: estudiar.

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