Niño llorando

Los niños que le dijeron maricón a mi hijo

La madre de uno de los compañeros de clase de mi hijo me llama para invitarlo al cumple del de ella, a lo que yo accedo, y le doy permiso. Llega el día del cumple y mi hijo emocionado se va desde el colegio, con la madre del cumpleañero, y se pasa la tarde con ellos.

Cuando lo voy a buscar, entra al carro y se desploma a llorar desconsoladamente, se tapa la cara y me dice “mami me molestaron mucho, me insultaron y hasta me dijeron maricón” y yo no lo soy.

Entre llantos, me cuenta la travesía que tuvo que pasar en el camino de regreso a la ciudad, porque el cumple era en una finca alejada de la ciudad, y los niños invitados vinieron en un autobús, escoltados por los padres del niño que iban detrás en otro vehículo.

Mi hijo me cuenta que los niños lo molestaban y lo retaban a pelear, diciendo frases como: “Cuidao’ si se lo mete al de al lao”, “Ponte un condón por pájaro” y otras expresiones aun peores que solo revelan la triste realidad en que vivimos, el estigma social que “sataniza” a los homosexuales, la falta de respeto a las diferencias, y la ausencia total de educación sexual en la familia y en la escuela dominicana.

La realidad

Este tipo de bullying pone en manifiesto lo que están aprendiendo los hijos de sus padres. Le quita el disfraz a una pantalla que muchos quieren vender de “padres responsables” y ocupados de educar en valores a sus hijos, y deja ver lo que resulta de los silencios, de las ausencias, del exceso de redes sociales, de cosas materiales y de la falta de afecto.

Los niños no son los culpables, ellos no son más que las víctimas de un sistema podrido por la doble moral, por el estigma y la discriminación.

Cuando mi hijo me contaba detalles del cumpleaños, me decía que todos los niños hacían trampa en los juegos, y que se burlaban de los otros niños, y eso me hace reflexionar que no conseguiremos ni podemos pretender tener una sociedad justa, organizada, libre de corrupción y robo, cuando nuestros niños aprenden que hacer trampa es la manera divertida de jugar, porque es lo que le enseñamos.

Cuando nos robamos un semáforo en rojo hacemos trampa; cuando no pagamos algo que nos comimos en el supermercado hacemos trampa; cuando no queremos hacer la fila y nos robamos el turno del otro hacemos trampa; cuando criticamos a los amigos de nuestros hijos porque están gorditos o porque son chiquitos, estamos haciendo y enseñando a hacer bullying; porque somos nosotros los primeros corruptos que pretendemos juzgar solo a los políticos que roban millones, y nos olvidamos que el que se roba un pincho, tiene la misma capacidad de robar un banco.

Lo que aprendí

Con lagrimas en los ojos y el corazón partido felicité a mi hijo porque pudo defenderse sin agredir, porque supo controlar su ira y no golpear a ninguno de los niños que lo estaba provocando, porque fue más grande que su ira y supo hacer lo que muchos adultos no hacen: controlar sus emociones y no dejar salir el lado animal que todos tenemos.

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No soy una madre perfecta, ni pretendo serlo, pero el hecho de que mis hijos me hagan la pregunta: ¿Mami que tienen de malo los homosexuales? y que me analicen que son personas que no le hacen daño a nadie, me da paz.

Que mis hijos entiendan que la trampa no es la manera divertida de jugar y la identifiquen como mala, me confirma que mi esposo y yo estamos criando gente para que le aporte algo al mundo.

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