Ilustración Emely Peguero

Lo que revela el caso de Emely Peguero

He visto cómo los medios de comunicación, los noticieros, líderes de opinión, influenciadores y hasta páginas de entretenimiento, se han volcado a reclamar justicia por el caso de la desaparición de la adolescente embarazada Emely Peguero. Resalto “embarazada” porque es el adjetivo que analizo en este artículo, y que le costó la vida a Emely.

Me inquieta la cantidad de madres y personas que me han escrito, y que he escuchado hablando del tema y afirmando que “si ella no hubiese inventado”, “si no se hubiese iniciado sexualmente, resultando embarazada”, no hubiera ocurrido el hecho.

También me enviaron un documento que escribió una persona llamada Marfi Suero, para que lo comparta en mis redes. Ese documento promueve abstinencia y que “le suplica” a las chicas que esperen, reforzando la idea obsoleta y retrógrada de «solo abstinencia» y que son las adolescentes las únicas responsables de posponer su vida sexual.

Derechos sexuales

Promover «solo» abstinencia ha demostrado una y otra vez que no funciona. Resalta el adultocentrismo en que vivimos, que define el sistema de dominación que tienen los adultos sobre los adolescentes que sueñan con que les pidan permiso para tener relaciones sexuales, para que vuelvan a decirles que no, que esperen, sin darles herramientas para que sepan cuidarse en caso de que ya lo decidan, y que asuman una sexualidad responsable.

Pero es que para respetar y reconocer los derechos sexuales y reproductivos de los y las adolescentes hay que tener la suficiente humildad de reconocer que es su cuerpo, su sexualidad, que están creciendo en la sociedad más hipersexualizada de la historia, y que tienen autonomía, por lo que hay que educarlos.

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Impotencia

Cuando lo leí sentí un frío en el estómago, la misma impotencia que siento cada vez que escucho que Emely es la culpable de su desaparición y posterior asesinato (según confesó su novio), lo que la revictimiza y borra del mapa las carencias del entorno en el que ella creció, que invisibiliza a los verdaderos culpables de su desaparición, incluida la madre del novio que se defiende descaradamente con el argumento barato de que “actuó como una madre” apoyando a su hijo criminal, y de las otras Emelys que no salen en las noticias y que mueren diariamente a manos de carniceros que le prometen «liberarlas» de la desesperación de un embarazo no planeado.

Marlin Martínez y Marlon Martínez
Marlon Martínez, novio de Emely Peguero, junto a su madre Marlyn Martínez durante una de las audiencias. FOTO: cdn.com.do

El caso de Emely, como el de Esperancita, y como el de la joven que intentó quitarse la vida lanzándose del puente, y como muchos más, es la punta del iceberg de un país que no cuenta con educación sexual en el sistema educativo porque no hay intención política para que el derecho humano supere el deseo de una iglesia que quiere seguir insistiendo en promover “solo” abstinencia.

Lo que revela este caso

El caso de Emely revela y le saca los trapitos al sol a un gobierno que le ha faltado intención política para invertir y promover el Plan Nacional de Prevención de Embarazo Adolescente, que está de adorno, y revela la poca disponibilidad y acceso a las Unidades de Salud Sexual y Reproductiva y a métodos anticonceptivos para adolescentes.

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Este caso revela el resultado de la falta de políticas públicas que apoyen y promuevan la educación de la masculinidad, que tengan la capacidad de enseñarle a todos los varones que el cuerpo de las mujeres no les pertenece, que no pueden tomarlo a su antojo para satisfacer su deseo, y a obedecer al mandato que la sociedad tiene años enseñándole: a ser “machos varones masculinos”.

También revela lo que veo a diario, un entorno que no le ofrece a los adolescentes oportunidades para que desarrollen un proyecto de vida, que les ayude a rechazar los mensajes que le dice el dembow, las novelas, el barrio, youtube; a desarrollar metas a futuro que no sea “conseguirse un hombre” o salir embarazada “para amarrar un hombre que les resuelva la vida”, que les compre un celular y les pague el salón.

Otra víctima

Me indigna y me apena que Emely sea una víctima más de un sistema que pare con anestesia muchas Emelys todos los días, que se mantiene de espaldas a una realidad que deprime hasta a los fantasmas.

República Dominicana ocupa el tercer lugar en embarazos de niñas y adolescentes entre los países de América Latina y el Caribe.

Nuestra hermosa isla está por encima del promedio de la región de embarazo adolescente (79) y del mundo (49), siendo más alta en las jóvenes con menor educación, bajos ingresos, las que viven en las regiones más pobres y en las áreas rurales.

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El 61,4 % de las adolescentes de República Dominicana, que alguna vez ha estado embarazada, pertenece a clases sociales de escasos recursos económicos, siendo la pobreza uno de los factores que lleva al embarazo de adolescentes.

Estas cifras confirman que al capitán no le importa sus tripulantes, y que es mucho más fácil culpar a Emely, que no puede defenderse, que a quienes los blinda el poder.

ACTUALIZACIÓN: ¿Quién es responsable de la educación sexual?

Para hablar de embarazo adolescente y buscar culpables hay que conocer muy bien el tema y no apasionarnos con fundamentos personales y aéreos sobre un tema que está dentro de las metas del desarrollo del milenio.

El embarazo adolescente mantiene y acentúa la pobreza de los países, y ocurre en proporciones alarmantes en los países más pobres y con peores condiciones sociales.

El entorno se ha identificado como un factor vital para prevenirlo, y por eso las políticas públicas y la intención política son fundamentales para poder disminuir estas y otras cifras en materia de salud sexual y reproductiva.

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