Chicas bailando en una fiesta

Lo que pasó en la fiesta de mi hija

Un lunes en la noche, mi hija de 14 años me dijo que la invitaron a una fiesta en un club de la ciudad, pero que como ella sabe que no conozco a los padres del amigo que la invitó, sospechaba que no le daría permiso para ir. Luego de conversar con ella e interrogarla un rato, me di cuenta de su deseo de ir, porque muchas de sus amigas iban, por lo que accedí a ir con ella.

El día de la fiesta, al llegar al club, busqué a los padres de su amigo para presentarme y noté que no habían llegado, confirmé que la fiesta era en la discoteca y que el lugar estaba bastante oscuro para mi gusto. Luego, me dirigí al bar y probé los cócteles que tenían para brindarle a los adolescentes, conversé con los mozos para confirmar si en los planes estaba ofrecerle alcohol a los chicos y me confirmaron que no. Salí del lugar y hablé con mi hija de las precauciones que debía tener en cuanto a seguridad personal, y ella me contó que el cantante invitado era un “personaje” que toca música urbana, respiré y le dije: “Confío en ti, ya sabes que hacer”.

Revisando el área, me percaté que había un grupo de chicas entrando y saliendo al baño y en uno de los viajes, las chicas iban también con chicos al baño de damas, me senté en la terraza (frente al salón de la actividad), pedí una copa de vino tinto y me quedé observando el ambiente. En eso llegaron otras madres que conozco y nos sentamos a conversar, cuando de repente escuché una algarabía porque llegó el “personaje” que estaba encargado de tocar la música de la fiesta, rodeado de unas chicas semidesnudas, quienes eran sus bailarinas y de inmediato los adolescentes se emocionaron y corrieron a tomarse fotos con el artista.

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Se trabaja desde antes

Cuando comenzó la fiesta, las madres entraron y se sentaron en el mismo salón a “supervisar” a sus hijas, con el miedo de que no bailaran de una manera vulgar, ni tomaran alcohol, ni hicieran nada indecente. Recuerdo que varias salieron a invitarme a sentarme dentro, con ellas, a lo que yo me negaba, porque prefería quedarme afuera. También recuerdo que una de ellas se incomodó con mi actitud, porque decía que yo era muy abierta y muy “Open mind (mente abierta)”; al ver su actitud le dije: ¿Para qué la dejaste venir si no confías en ella?

Si no has educado a tu hija sexualmente, si nunca has hablado con ella de lo que podría suceder si pierde el control, serás siempre su niñera. El problema que veo es que lo que no hiciste antes de la fiesta, no puedes hacerlo ahora.

La tranquilidad y la paz que sentía de saber que mi hija sabía lo que podría suceder si no se comporta como la hemos enseñado su padre y yo, no porque se lo imponemos, sino porque sabe lo que le puede ocurrir; de haber supervisado el ambiente, de tener el control de estar cerca por si me necesita, no de controlarla a ella; me permite sentarme afuera y dejarla «que sea», que viva su adolescencia.

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Todo padre que sienta que para que su hijo o hija se comporte como debe tiene que estar presente, hay algo que dejó de hacer o que no está haciendo bien, porque la idea en una crianza efectiva es entrenarlos y prepararlos para el mundo, para que ellos tomen las decisiones que más les convenga de acuerdo a lo que le hemos enseñado; cuando estén solos, que sepan defenderse y aprender de sus propios errores.

No estarás en ese momento

Aunque usted no lo crea, sus hijos crecen, y en los momentos cruciales de su vida usted no estará para guiarlos (en recreo, en una fiesta, en el colegio o universidad), por lo que tendrán que decidir solos, y lo único que puede protegerlos son los valores que le enseñó, no el policía que fue.

Pasado unos minutos de haber comenzado la fiesta, entré al salón a buscar una botella de agua y traté de pasar desapercibida, observé a mi hija bailando la música urbana felizmente con sus amigas, tomándose fotos con el celular y siendo libre. Me di cuenta que habían otras chicas “perreando” delante de sus madres y otras escondidas entre la multitud para que no las vieran.

Entendí que no se trata del baile, no es el cantante, no es la música, ni el alcohol, se trata de lo que le hemos dicho a nuestros hijos que esperamos de ellos, se trata de enseñarlos a disfrutar sin maltratarse y de vivir la adolescencia por etapas, a que las quemen sin que el fuego los toque.

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Se trata de confiar en ellos y que ellos lo sepan, de poner reglas claras y de educar con el ejemplo, lo demás es cuestión de suerte.

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