Mujer haciendo silencio

Lo que NO nos decimos las mujeres

Una noche fresca de domingo, llego a una heladería de mi ciudad y veo que las tres jóvenes que estaban de servicio en dicho establecimiento se quedan mirándome de una forma peculiar. Yo andaba vestida con mis pantalones de ejercicio, mis crocs y un t-shirt que tiene impreso “YO amo mi pajón”, mi cabello mojado y sin maquillaje. Me ofrecieron probar el helado de temporada y les dije: “No gracias, sé lo que quiero”. Me atendieron de inmediato y comenzaron a preparar lo que les pedí.

Mientras, sentía las miradas sobre mi en lo que yo me entretenía en mi celular, cuando de repente le entrego mi tarjeta de crédito para pagar a una de las dependientes y me dice (con vergüenza): “Le queda muy lindo su pajón”. Yo agradezco su cumplido y me sonrío, ella me dice: “Estaba loca por decírselo desde que llegó pero me daba vergüenza”. Yo le dije a todas: “Me hicieron feliz con ese halago, nunca dejen de decir un halago por vergüenza, quizá le puede alegrar la vida a alguien que necesita mucho que le recuerden que tiene cosas buenas, sobre todo en una época donde solemos abrir la boca solo para criticar al otro”. Todas me miraron y sonrieron.

Lo que aprendí

Esta escena me puso a reflexionar en lo que a muchas mujeres les cuesta decir algo que le gusta de otra, reconocer lo bella que es una mujer o lo bien que hace su trabajo no te hace menos mujer, todo lo contrario, habla muy bien de ti y de tu nivel de autoestima, porque quien reconoce lo bueno en los demás, lo hace porque su inteligencia emocional es tan alta que le permite ver lo bueno y apreciarlo, sin compararse negativamente.

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Pienso que nos hace falta eso, aprender a ver y a decir lo lindas que somos, no solo en el aspecto físico, sino en todos los aspectos de nuestra vida; pienso que eso sería una herramienta vital para subir la autoestima de muchas de nosotras, que tanta falta hace; de recordarnos lo que valemos, de apoyarnos y dejar de criticarnos tanto.

Cuando dejemos de tener miedo a lo que piense la gente cuando expresemos un halago, comenzaremos a alimentar una herramienta necesaria para convertirnos en el equipo invencible que deberíamos ser, para vivir y respirar de una manera más fluida en un mundo diseñado para hombres.

Aprendamos a abrir la boca para decirle algo positivo a otros y otras, seamos más amables con nosotras mismas, dejemos de competir y comencemos a apoyarnos, y lograremos todo lo que nos propongamos.

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