Mujer llorando triste

Lo que me dijo la joven del vestidor

Un viernes caluroso de agosto, estaba en el vestidor de una de mis tiendas favoritas midiéndome opciones para mi programa de televisión, y de repente, escucho la conversación de dos mujeres que, por lo que hablaban, pude deducir que era una clienta y una amiga que la acompañaba.

Como el vestidor estaba vacío, y ellas estaban justo al lado del mío, se podía oír claramente la conversación en la que quien se estaba midiendo la ropa decía: “Es que si tuviera más caderas me quedaría bien, búscame otra opción mana”, y la amiga le decía: “Querida, pero es que vas a tener que ir al cirujano pronto porque te has medido la tienda completa y nada te queda bien”, a lo que ella le responde: “Es que soy muy flaca, y nada me queda bien”.

Oyendo la conversación, me indigné y tuve que salir a ver al supuesto “monstruo de la laguna azul” que estaba en el vestidor de al lado y confirmar lo que estaba oyendo. Cuando salí, me encontré con una joven muy linda, con un cuerpo que cualquier modelo quisiera tener; y me dolió el alma. Respiré y le dije: “Debería dolerte todo lo que te estás diciendo, eres preciosa y no te lo crees, y tienes lo que muchas quisieran”. La joven me mira con ojos de tristeza y me dice: “Es que soy muy flaca, y no me gusta mi cuerpo”.

Cuando la escuché, entendí que por más linda que fuese, ella se odiaba y eso era lo único que importaba, entendí que nada que pudiera decirle en ese momento podía hacerla entender lo hermosa que es y lo errada que estaba. Lo que hice fue mirarla y decirle: “Tienes trabajo por hacer, comienza a amarte y a apreciar cada parte de tu cuerpo (sin compararte con nadie) y toda la tienda te quedará perfecta”. La amiga me miró y lo único que hizo fue sonreír, me dio un abrazo y me dijo: “Gracias, ella necesitaba oír eso”.

Lo que pensé

Al salir de la tienda, me quedé con la joven en la cabeza y reflexioné en cómo nos damos la tarea de insultarnos, cómo maltratamos nuestra esencia en busca de parecernos a alguien que salió en una película que vimos en la televisión o a una imagen retocada y producida que salió en una revista de modas, y eso es un abuso mayúsculo a nosotros mismos.

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Cuando converso con cirujanos plásticos que colaboran en Rexpuestas, uno de los temas que siempre me refieren es que les sorprende ver como muchas de las mujeres que van a su consultorio le llevan las fotos de artistas o celebridades como modelo, para modificarse y parecerse a estas, y eso me encoge el alma, porque a quienes nos tenemos que parecer es a nosotros mismos, porque el molde que tenemos que pulir es el nuestro, y porque no somos clones, somos seres humanos únicos y bellos desde nuestras diferencias.

Esa tarde confirmé una de mis frases favoritas: “Para ser la persona más bella del mundo, lo único que tienes que hacer es creértelo, y es que pocos quieren hacerlo”.

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