Festival presidente

Lo que confirmé con el Festival Presidente

Cuando me enteré que habría una nueva presentación del Festival Presidente, me emocioné, porque recordé la experiencia que viví cuando aún era una adolescente. Confieso que por mi cabeza pasó ir los tres días consecutivos, como lo hice años atrás, pero los compromisos laborales, familiares y el presupuesto me frenaron.

Cuando mi hija adolescente me dijo el día que deseaba ir, me dispuse a llevarla para vivir juntas esa experiencia, que para ella era la primera vez en un concierto de adultos.

Cuando entramos a terreno, me invadió la emoción del estadio, me vinieron a la mente todos los recuerdos vividos y estaba feliz.

Como fui con mi hija y sus amigas, debía estar con ellas y supervisar que estuvieran seguras. Como adolescentes que son, ellas querían vivir la experiencia al máximo, y se ubicaron en la parte más cercana a la tarima, y yo las acompañaba a vivir su experiencia.

La triste realidad

Las horas iban pasando y mi cuerpo comenzó a cansarse, mi espalda me recordaba a gritos mi escoliosis (curvatura de lado a lado en la columna vertebral), mi cabeza comenzó a doler por la vibración constante de la música y el humo de los fumadores. A las cuatro horas, comencé a marearme por el calor y la falta de oxígeno por la multitud, me senté en el piso de goma en busca de alivio, y me faltó más el oxígeno por el poco aire que circulaba.

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Horas más tarde, llegó un momento que dejé de oír la música por el malestar general que tenía y le dije a mi hija: “Vámonos, que ya no aguanto esto”. Mi hija me miró con cara de pena y, aunque cansada también, quería quedarse a ver el final del concierto, la miré y sólo atiné a decirle: “¿Tu crees que yo aguante más?” Consciente de mi estado, me agarró de la mano y salimos del estadio.

En medio del concierto, veía a la gente disfrutando, bailando y bebiendo y pensaba: ¿Qué cambió en mí que ya el Festival no se siente igual? ¿Y cómo era que podía venir los tres días consecutivos?, y confirmé lo que mucha gente no entiende: crecemos y vemos la vida diferente.

La experiencia y los años te llevan a un estado donde aprecias la paz y la tranquilidad, como la juventud aprecia la emoción y la aventura.

Como bien dice mi madre, “la vejez no viene sola”, y aunque aún soy joven, el Festival Presidente me recordó que ya no tanto, y que las etapas hay que quemarlas, para recordarlas con cariño, y no intentar revivirlas con fatiga.

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