Mujer brazos cruzados

¿Las tetas pa’ cuando?

Navegando en mis redes un sábado soleado, procedo a revisar el buzón de mensajes y me encuentro con uno de una seguidora que me escribe angustiada, indignada y triste por los comentarios que hicieron hombres y mujeres en una foto de Nashla Bogaert en traje de baño, publicada en la cuenta de Instagram de una página de farándula, en los que criticaban sus senos, y hasta la llamaron “Un muchacho gay”, solo porque no tiene un busto relleno de silicona.

La seguidora que me escribió estaba indignada con un comentario particular de un hombre que escribió lo siguiente: “¿Y las tetas pa’ cuando? A mi no me hablen de neuronas, los senos es lo que distingue a la mujer del varón”.

Ese comentario, y otros que leí en la publicación, son un reflejo de un mensaje social que nos han puesto de manera intravenosa a través de los medios de comunicación, de las novelas, de la moda, del mundo del entretenimiento que nos ha vendido que una mujer es mujer por el tamaño de sus senos.

Los escotes exhibidos hasta en la sopa, y los senos que vende la pornografía nos han dicho una y otra vez que ese es el “modelo ideal” de “mujer perfecta”, y que aquella que nació como Shakira, con dos limones, como ella misma señala en una de sus canciones, no es una mujer completa.

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Esto va más allá

El problema va mucho más allá, porque este estereotipo de belleza de silicona ha hecho que muchas adolescentes pidan de regalo de quince años unos implantes; que muchas mujeres prefieran no lactar a sus hijos para que no se les caigan los senos; que muchas se sientan que no valen porque no cumplen con el estándar, y eso duele.

Duele, porque he visto mujeres asustadas con la sola idea de sufrir de cáncer de mama, no por el cáncer en sí, sino por el hecho de “perder la feminidad”, y eso es triste.

Cuando educo niñas y adolescentes me preguntan con mucha frecuencia: ¿Qué puedo hacer para que me crezcan los senos? En el caso de los varones me preguntan: ¿Se puede agrandar el pene? o ¿Si me masturbo me crece el pene?, con la esperanza de que les de una pócima mágica para cumplir el deseo de “ser aceptados” y alcanzar el famoso “estereotipo”.

Cuando veo todo eso entiendo que estamos confundidos, y en esa confusión hemos dejado de apreciar la diversidad en el cuerpo que todos tenemos; hemos aprendido a clonarnos y a meternos en un traje único de belleza que además de vacio es aburrido, porque cuando todos somos iguales nadie es bello, porque la verdadera belleza está en la originalidad, en la magia de ser únicos, de que como nosotros no hay nadie.

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Lo que pienso

Nashla Bogart, Shakira y todas las mujeres que respetan y se sienten orgullosas de su esencia, revelan su inteligencia, su humanidad, su capacidad de romper con un estereotipo en el que no encajan porque son mucho más que una parte de su cuerpo.

Ellas, entre muchas, son inspiración de muchas mujeres e incluso hombres, porque tienen la fortaleza y la maravillosa osadía de resistir la presión del mundo del entretenimiento al que pertenecen, de brillar con luz propia y exhibir la belleza que yo conozco, aquella que se percibe con los ojos, con los oídos y con la mente, aquella que perdura por siempre y que nos distingue porque no sabe de medidas, de tamaños, ni de estereotipos.

Con el comentario que hizo el “caballero” en la foto de Nashla entendí por qué la gente se queja de la falta de “belleza”, pero nadie se queja de la falta de inteligencia.

Entonces yo me pregunto: ¿El cerebro pa’ cuando?

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