Payaso llorando

La otra cara de San Valentín

Conversando con un grupo de adolescentes en una Jornada de Educación Sexual de Rexpuestas, en un centro escolar de mi ciudad, justo el día de San Valentín, veía algunos felices y animados con sus manos llenas de regalos y dulces de chocolate en los bolsillos. Pero otros estaban agotados emocionalmente, se veían tristes y desanimados porque nadie le había dado nada, no había cartas en los buzones para ellos.

En la tarde de ese mismo día, visité a una amiga con quien conversaba sobre su rompimiento con el novio con quien llevaba dos años de relación, y me comentaba que no quería salir a la calle porque se sentía como el monstruo de la laguna azul, porque estaba sola.

Me contó que unas amigas solteras la habían invitado a cenar la noche de San Valentin y ella se negó rotundamente porque no quería mortificarse con todas las parejas enamoradas, y que solo había hecho planes con dos botellas de vino tinto que compró la noche antes para ahogar su desdicha en el alcohol.

Así como San Valentín es un día hermosamente romántico para quienes tienen pareja, de igual forma es horrible para quienes no la tienen, porque es uno de los tantos días que la sociedad ha seleccionado para restregarle a los que deciden estar solos por decisión, a los que no tienen pareja porque no han conseguido a alguien que le haga caso, a los divorciados, a los adolescentes que no son populares, y a todo el ser humano que no tenga pareja, que no valen y que están incompletos.

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Lo que pienso

Recuerdo que cuando era adolescente no me gustaba San Valentín, porque sencillamente nunca creí en la fecha, nunca le vi la magia a un corazón de peluche ni a una tarjeta que se regalaba un día del año para pertenecer a una sociedad de consumo, que nos dice hasta el día que debemos decirle “te amo” a ese ser que amamos todo el año.

Lo siento por los románticos del amor, pero entiendo que un “te amo” o un “te quiero” cualquier otro día del año se siente más y se aprecia mucho mejor, porque no forma parte del teatro y de la pantalla social de cumplir con el requerimiento que está predeterminado; porque salió del corazón y se expresó en el momento que se sintió.

Creo que no me gustan las fechas predeterminadas por la sociedad para “hacer o demostrar algo” porque soy de las que se ponen los zapatos nuevos saliendo de la tienda, sin importar si me pegan o no, y coloca los viejos en la caja, por si mañana no me los puedo poner. Porque soy de las que piensa que la vida es ahora y que las fechas las diseñamos nosotros, no una industria que lo que quiere es nuestro dinero y que no le importa llevarse por delante la autoestima de los menos afortunados.

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La realidad

Veo las redes sociales y me pasa lo mismo que me sucede el día de Santa Claus o el día de Reyes, cuando veo que todos los padres suben las fotos de los arbolitos llenos de regalos para un sólo niño, siento ese malestar en el pecho, porque lo veo como una competencia por llenar un requisito social que no llena lo que realmente vale, que nos hace pertenecer a un consumismo vacío y en manada, que nos manipula más allá de lo que imaginamos.

Entiendo que San Valentín es una fecha más del año, es otro día más para expresar eso que sentimos, pero sin manipulaciones comerciales, sin esa «obligación» de hacer ese regalo costoso o esa cena esperada que la sociedad ha impuesto como las etiquetas de un “verdadero amor”.

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