Mujer ojos azules

La idea tóxica que nos han vendido

Uno de los mensajes más tóxicos que nos ha dejado el sexismo es que el cuerpo de la mujer es nuestra herramienta de poder; que nuestra valía depende de lo atractiva que seamos para los hombres; que empoderamiento significa tener la atención de ellos y la envidia y admiración de otras mujeres, y eso yo no lo compro, porque no soy un pedazo de chuleta.

Nos han querido entretener y disminuir con la idea de que nuestro valor depende de los ojos de los demás, de la aprobación de los otros, de la cantidad de piropos que recibimos, de si nos dan un like o no, y eso es injusto, porque nunca seremos suficiente ni felices si dependemos de que nos aprueben.

Empoderamiento

Nos quieren confundir con la idea de que empoderamiento es convertirnos en un objeto sexual, que siempre debemos estar lindas y producidas para que los ojos de los demás nos consideren importantes, para que otras mujeres nos envidien, para lograr con esa apariencia “perfecta” la anhelada atención que siempre soñamos, porque la construcción de la feminidad en un sistema sexista como el nuestro nos vende que somos poderosas cuando somos hermosas según el modelo establecido, y en esa búsqueda nos perdemos, nos maltratamos y nos clonamos para ser aceptadas.

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Es que así como a los hombres les han vendido que son un pene pegado de un cuerpo lleno de músculo (sin sentimientos), que valen por lo que tienen en su cartera y por impresionar a otros hombres teniendo muchas mujeres; así nos han engañado con la idea de que tenemos que ser su carnada y que nuestro cuerpo es para “cogerlo”, para usarlo y desecharlo cuando no somos atractivas según el patrón.

Lo que pienso

Esto, más que un insulto, es una señal de que necesitamos desaprender para entender que no somos objetos de nadie, que no valemos por cómo nos vemos, que no podemos perder tiempo en apariencias que borren nuestra esencia, que debemos cuidarnos porque es la primera señal de que nos amamos; pero sin confundirnos, y teniendo muy claro que el cuerpo es la fachada de algo mucho más grande que amerita pulirse.

Y al final, si nos esmeramos en trabajar el contenido, la fachada dejará de tener importancia y el producto siempre tendrá calidad.

Cuando nos eduquemos para ver el cuerpo como un lienzo del ser, no como un objeto sexual, entonces apreciaremos la verdadera esencia que todos tenemos, que en mi mundo es nuestro súper poder.

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