Celebrando los 40 años

La extraordinaria rebeldía de los 40s

He leído y escuchado muchas teorías sobre la segunda adolescencia que se vive a los 40s, y me emociona confirmar que es cierta, y que es una versión mejorada.

Me siento más que fascinada con los lentes invisibles que me he puesto al final de mis 30’s, que me han hecho ver la vida de una manera más simple, con lo que definitivamente me siento más feliz y liberada.

Ahora entiendo que la felicidad no es eterna, como la quieren pintar, que son momentos fugaces que hay que aprender a saborear y a sacarle el jugo como si fuera una naranja dulce.

Los años me han ido quitando el romance de las celebraciones por épocas, y del seguimiento de las tradiciones. Me he puesto un poco egoísta, y lo que no me cuadra, o no le veo sentido, simplemente no lo hago y me importa poco lo que opinen o digan.

Lo que he aprendido

He aprendido a no defenderme, y a entender que “calladita me veo más bonita”.

Entendí que las acciones dicen más que las palabras y que las discusiones enferman el alma y el cuerpo; que no todas las luchas se pelean, y que a veces hay que dejar que las cosas fluyan y los ánimos se bajen, para escuchar y aprender lo que la vida está dispuesta a enseñarnos.

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He aprendido a escucharme y a compartir con gente que me aportan buena vibra, a ignorar comentarios vacíos y a la gente negativa. Los años me han enseñado a identificar los egos y a no alimentarlos, a nutrir la humildad y a compartir con gente sencilla, que ama la vida y que aprecia los detalles.

He entendido la importancia de una buena conversación, de una buena compañía. He aprendido que las personas muy cultas académicamente no siempre son las más inteligentes emocionalmente, y que en muchos casos son las que toman las peores decisiones.

Lo material

Los años y los asaltos de los que he sido víctima me han hecho sentir la pérdida de cosas que consideraba mías, y he entendido que mientras menos tengamos, menos pesamos, y más liviana se hace la vida.

Me desprendí aún más del comprar y del tener, y me apegué más al dar, los años me han dado la paz interna de apreciar más las experiencias que las cosas materiales, y eso se me encanta.

Nunca he ocultado mis años, y siempre me he sentido más vieja de lo que soy, y aunque solo tengo 36 años, no puedo negar que me emociona envejecer, que me siento privilegiada sintiendo la magia de la experiencia.

Confirmo que cada día que pasa, cada año que cumplimos es una oportunidad para reinventarnos y apostar a ser nuestra mejor versión.

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