Nariz larga

La amiga de mi hija que odia su nariz

Un viernes de una noche calurosa de agosto, mi adolescente de 14 años se preparaba para ir a una fiesta y suena el timbre de mi casa; cuando abro la puerta confirmo que era una amiga de mi hija que llegó con la ropa de la fiesta en un bulto rosado y un “tubi” acabado de hacer. Su cabello estaba caliente cuando me abrazó, por el blower intenso que le dieron en el salón.

Recuerdo que me saludó con una sonrisa tímida y me preguntó si la podía maquillar, a lo que yo le respondí: ¡Claro, yo encantada! Busqué de inmediato mi kit de maquillaje y comencé a aplicar todo lo que demanda un maquillaje de fiesta, recuerdo que sus ojos azules resaltaban y le recordé lo linda que es. Ella solo me dijo: «¡Gracias, pero necesito que me ponga la nariz más fina con el maquillaje, odio mi nariz, mi madre siempre me dice que tengo la nariz ancha de mi padre y cuando sea más grande voy a hacerme una cirugía para ponerla más fina!».

Mi experiencia

Luego de unos segundos de silencio, recordé mi adolescencia, cuando mi madre y mi hermano me decían que tenía la nariz ancha igual que la de mi padre, y siempre vivían comparando mi nariz con la de mis hermanos que la tienen más fina que la mía, por lo que yo aprendí un truco: practiqué en el espejo y me di cuenta que si la apretaba dejando de respirar, se veía más fina y eso hacía en las fotos, porque en esa época no me maquillaba y no había otra forma de disimularla. Recuerdo con dolor cómo me miraba al espejo y me imaginaba cortándome un pedazo de nariz; me sentía fea, y entendía que todo el mundo miraba mi nariz.

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Esa sensación me hizo entenderla a la perfección y me dio más duro aún, porque sabía exactamente cómo se sentía, y que eso solo se resolvía con los años y con la lucha que todos tenemos que tener para lograr aceptarnos y amarnos con todo lo que nos dijeron que era feo y con lo que no nos gusta de nosotros, la tarea más difícil de un ser humano, que pocos quieren hacer.

Seguí maquillando y solo le dije: “te entiendo perfectamente, porque a mi me decían lo mismo”, cuando le dije eso me miró fijamente y me dijo: “¡Uf, por fin alguien me entiende!» Seguimos hablando de mi historia y la de ella, y terminamos riéndonos porque ella me decía que yo tenía una nariz linda y yo le decía que ella también.

Lo que pienso

Lo penoso del caso, es que la chica es tan linda física y personalmente, que en lo menos que te fijas es en su nariz, pero eso no importa para ella, porque le han enseñado todo lo contrario. y quién lo ha hecho es nada más y nada menos que su madre, la persona que está supuesta a mostrarle lo bella que es, y que el diámetro que tenga su nariz no define su belleza.

Esto me confirma que como padre o madre somos responsables de construir o destruir la autoestima de nuestros hijos, que un comentario o una frase puede ser suficiente para que se sientan los monstruos de la laguna azul, o los más bellos e importantes del barrio, me confirma que tenemos la gran tarea de cuidar nuestras palabras y de dejar de estar buscando defectos construidos en base a estereotipos vacíos y obsoletos (aunque lo hagamos de manera incosciente) porque lo que hacen es dañar a nuestros hijos.

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Es necesario que estemos claros en que NO hay cirugía plástica que construya la autoestima de nadie, que lo que te dicen en la infancia se queda y permanece, y que un adolescente con baja autoestima revela que faltó que le recuerden lo valioso y bello que es, no solo por su físico, sino por ser y estar y que con eso es suficiente.

Nos hace falta aceptarnos a nosotros mismos como padres primero, para enseñarles a ellos el camino y entiendo que justo ahí es que estamos fallando.

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