La adolescente que no saluda

Una tarde estaba en la tienda comprando algunas cosas para mi hija, cuando de repente llega una amiga de ella con un grupo de adolescentes y me abordan inmediatamente, preguntándome que dónde estaba mi hija.

Me quedo paralizada, mirándolas a todas fijamente, y lo primero que me salió decirle fue: “Hola chicas, ¿Cómo están?”, al ver mi reacción todas se miran y se ríen, y con cara de vergüenza me saludan. Les indiqué donde estaba mi hija y se fueron de inmediato a saludarla.

A pesar de mi constante resistencia a ser una madre “juzgona”, no pude evitar recordar a las amigas de mi hija que han dejado en mi casa, cuyos padres no me conocen y no se desmontan del carro para saber dónde están dejando a sus hijas.

Recordé también todos los amiguitos de mis hijos varones que han ido de visita a mi casa y he tenido que aconsejarlos porque sin la más mínima vergüenza abren la nevera de mi casa y se sirven un vaso de jugo. Los que entran a mi habitación y tengo que pararlos en la puerta porque esa no es un área para jugar. Los niños o adolescentes que llaman a mi casa a las 11:00 de la noche y debo recordarles que esas no son horas para llamar a una casa de familia (a menos que sea una emergencia). Los amigos de mis hijos que no dicen “gracias” ni “por favor” luego de que le paso un vaso de agua. Los que dejan su plato en la mesa luego de comer. Todo eso me hace reflexionar en que como padres estamos fallando.

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Nos estamos olvidando de las costumbres que nos hacen ser personas educadas, de los buenos modales, de las reglas de familia que nos enseñaban en casa, y que al final nos distingue de los maleducados.

Los jóvenes de hoy

Ver como estos niños, niñas y adolescentes “modernos” no respetan a los adultos. Verlos hablarle a su profesora, a su madre, a su abuela, o la psicóloga del colegio como si fueran iguales, asusta, porque indica que no conocen el término “autoridad” ni el término “jerarquía”, que son vitales para un desarrollo sano y adecuado.

Lo más preocupante es que la que tiene el problema soy yo porque soy la “madre histérica”, la que no se adapta a esta modernidad sin costumbres, la que tiene reglas y siempre las tendrá, porque desde que parí a mi primera hija tomé la decisión de formarla y para eso se necesita reglas, porque para formar seres funcionales es necesario que nuestros hijos conozcan los límites y los respeten, y para eso estamos los padres.

Más que ser policías o dictadores, debemos revisar el método de crianza, porque no está funcionando, porque no somos los “panas” de nuestros hijos, somos sus padres.

Mientras tanto, me tranquiliza seguir siendo la madre que con amor y respeto le enseña a sus hijos a no abrir una nevera que no sea la de su casa, que no se llama después de las 10:00 de la noche a una casa de familia, que se dice “gracias” y “por favor”, que se saluda al llegar, que se pide permiso para salir y sobre todo, que sean felices respetando la vida y a los demás.

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De niña aprendí que “De bien nacidos es ser agradecidos” y eso le estoy enseñando a mis hijos.

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