Mientras esperaba un arreglo de una pieza de ropa en el sastre, sentada en la mesa de la salita de espera, entra un señor a buscar unos arreglos y le da el nombre de su jefa a la cajera.⁣

Me sorprendió positivamente su “buenas tardes para todos”, la buena voluntad que usó para decirlo y cómo miró a todas las personas que estábamos en la sala, con una sonrisa en los ojos.⁣

Fue una muestra de la grandeza humana que radica en lo simple, en lo cotidiano.⁣

Esa grandeza que no necesita grandes escenarios para expresarse. ⁣

Fue una muestra de esa educación que no habla de libros ni de grandes conocimientos adquiridos. ⁣

Ese señor se sentó a esperar sus piezas, y la paz que emanaba de él mientras llamaban a su jefa para preguntarle algo era impresionante.⁣

Cuando le entregaron, le dió las gracias a la cajera y volvió a despedirse de todos con la misma bondad con la que saludó: “Que pasen buenas tardes y cuídense mucho”. ⁣

Y me volvió a impresionar.⁣

¿Por qué me impactó tanto ese señor?⁣

Porque conté 6 personas que entraron y salieron del local sin mirar a nadie o decir una palabra.⁣

Porque hasta la misma cajera cuando se acabó su turno, tomó su cartera, se paró y se fue sin decir una palabra.⁣

Porque estamos viviendo en burbujas sociales, que solo romperemos cuando la amabilidad nos vuelva a acercar.⁣

Cuando recordemos que lo único que nos ha salvado y nos salvará como especie es la colaboración y la cooperación.⁣

Se nos olvidó que con un saludo le podemos salvar la vida a alguien y que la apatía social nos extingue la existencia.

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Se nos olvidó que hay mucha vida en la tierra, además de la nuestra.

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