Hombre besando

El esposo de mi amiga que busca novia

Un sábado en la tarde, mi esposo y yo nos encontramos con unos amigos que conocimos en la universidad, que hace años no veíamos, y decidimos sentarnos juntos.

Nos pusimos al día con nuestras vidas, ellos y nosotros estábamos al tanto de las vidas digitales de cada uno, porque las redes no fallan en su labor de mantenernos conectados, aunque nunca nos veamos en persona, ni nos dirijamos la palabra si nos vemos en la calle.

En medio de la conversación, uno de ellos me dice: “Necesito que me aconsejes, porque sé que dominas muy bien el tema; estoy buscando una novia porque mi esposa está recién parida y no me hace caso, todo es la niña y yo soy como el perro de la casa”.

Mi reacción

Mirándolo fijamente me quedé pensando en frío qué podía responderle sin ofenderlo, y lo que me salió fue decirle: “Ajá, cuéntame más de tu relación”, y él de inmediato comenzó a contarme lo buena esposa que es, lo bien que se llevan en el sexo y hasta me confesó que la ama, pero hizo una pausa para explicarme que se siente descuidado, que no puede seguir aguantando su deseo sexual cuando llega a la casa cansado del trabajo y su esposa está con la niña, que definitivamente necesita desahogarse y que lo atiendan como él se merece.

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También me contó que es un excelente padre, pero que no le cambia el pañal a la niña, porque eso “no es de hombres”, que si fueran varón sí lo hiciera; pero como es hembra, prefiere irse cuando la están bañando, porque no le gusta ver su vulva.

Después de respirar como 2,500 veces para no pararme e irme debido a la impotencia que sentía, decidí callarme y escucharlo, porque pienso que si hubiera hablado en ese momento me hubiese dado un infarto de la ira que sentía, pero mi incomodidad no era con él, mi rabia era con la sociedad en la que he crecido, que es experta en fabricar “machos varones masculinos”, que en honor a su pene, se llevan el mundo por delante, incluido a ellos mismos.

El machismo

Lo que más ira me da es ver cómo ese machismo vacío y obsoleto supera el rol de padre, y le enseña al hombre que la vulva de su hija es sucia y que este órgano sexual femenino solo vale y se aprecia cuando satisface un deseo sexual, dominado por un instinto netamente animal.

Me mató verlo desconcertado, porque la misión para la que ha sido criado le dice que lo más importante, y en lo que nunca debe fallar es en satisfacer su ego de macho alfa, aunque sacrifique una relación de pareja que funciona con una mujer que dice amar, y eso no es justo, porque los machos masculinos son el resultado de un error social, de una falsa idea construida por quienes entendieron que los que tienen pene son los que valen, y que muchos siguen comprando y siguiendo al pie de la letra. Porque los machos varones masculinos terminan solos, porque no saben mantener emocionalmente a una mujer que los ama  y que está dispuesta y enfocada en compartir la vida con ellos, por lo que luego tienen que comprar compañías de momento, porque solo el dinero les devuelve un poco de afecto y sexo.

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Lo que lamento

Me da mucha apena muchísimo el futuro de esa niña, porque está siendo criada por un hombre que es su modelo para elegir al que será su pareja cuando sea grande y es un modelo tóxico y dañino.

Me apena, porque tiene un padre que le enseñará que vale poco solo por ser hembra, y que si su madre está enferma o indispuesta sexualmente él se buscará otra, porque la mujer solo sirve para eso, para estar disponible sexualmente las 24 horas del día, los 7 días a la semana. Pero le enseñará lo peor que se le puede enseñar a una niña, que ella vale tan poco que tendrá que aguantar ser la segunda si ama, porque el macho masculino que elija vale tanto que necesita dos o más mujeres que puedan satisfacerlo.

Ese padre nunca peinará a su hija y le enseñará que un hombre puede ser sensible sin dejar de ser macho macho, porque sencillamente no sabe hacerlo. Ese padre nunca se sentará a conversar con ella sobre la menstruación, ni sobre cómo se siente con su novio, porque las cosas de mujeres lo minimizan y, por desgracia, le tocó una hija que ama, pero que no acepta. ¡Que pena!

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